Sócrates el gran maestro ateniense vivió una época excepcional
sin duda, sus enseñanzas inspiraron a Platón y Aristóteles, cuyo mérito no es
nada menos que ser los padres de la civilización occidental, pero, ¿Qué pasaría
si Sócrates se encontrase en la ciudad de México o en su área metropolitana?,
sin duda sería algo caótico o terrible para él, pero para no hacer un
anacronismo enorme y aberrante, pongamos a Sócrates en una situación particular
a la que nos hemos sometido todos los habitantes de ésta gran metrópoli, el uso
de un camión.
I
Como todos los habitantes de una gran urbe que hemos usado camión
alguna vez en nuestra vida, sabemos que cuando estos se llenan en hora pico
puede resultar una aventura digna de Indiana Jones usarlos, ir colgado en sus
bordes, o apretujado entre la gente, sumándole a eso los gritos insistentes del
camionero exigiendo el retroceder para hacer más espacio, como si las leyes de
la física se pudieran romper para que dos o más cuerpos ocupasen el mismo
espacio.
Sócrates sin duda sometería a juicio todos estos altercados
usando sus tres filtros, el de la Verdad, la Bondad y la Utilidad; sometiendo a análisis a través
de sus filtros que opinaría Sócrates de nuestras experiencias en ese medio de
transporte.
II
¿El camionero y la Verdad?, ciertamente esto pudiera parecer
bizarro someterlo a dicho análisis, pero por el contrario, ¿nos tenemos que
someter al camión?, si pudiéramos contar
los habitantes dela periferia de la ciudad con un medio alterno a los camiones
no tendríamos porque someternos a los inclementes cambios de actitud de los
camioneros, hacerlo sería resignarnos a que sólo ellos pueden proveer el
servicio de transporte y no queda de otra, al contrario dentro de la ciudad se
puede contar con otros medios de transporte que no hacen del camionero una
verdad absoluta.
III
El camionero no es bueno, aunque no hay que negar que
algunos camioneros se comportan bien con sus clientes, pero con la constante
alza de la gasolina, los pasajeros que a veces no pagan completo su pasaje,
y la dura competencia que surge entre
ellos, hacen que su comportamiento se adecue a ese entorno salvaje, pero el
camionero no debe de tratar con esa actitud a sus trabajadores, por el
contrario debe de ver por ellos, porque su empleo depende directamente de
ellos, y a su vez los pasajeros tienen
necesidad de ellos. Entonces la bondad no se vuelve un requerimiento de su
naturaleza, sino una necesidad de la supervivencia.
IV
¿El camionero es útil?, mientras no exista otra posibilidad
de transporte su utilidad es innegable, ejerciendo un monopolio del transporte
diversificado, porque dentro de su gremio hay una cantidad increíble de rutas y
consorcios que agravan la situación del camionero, haciendo que su bondad se
vaya diluyendo.
V
Una escuela posterior a Sócrates nos diría que el camionero
cumple una función ética, en virtud de que nos ayuda a soportar el destino que
se nos ha impuesto, esto debido al desinterés por parte de los gobiernos
locales a mejorar esa situación, mientras el ciudadano tenga que soportar estas
condiciones, tendrá que cultivar la ataraxia, para que las turbaciones
desaparezcan y se someta a las necedades del camionero sin turbar su espíritu;
aunque la ataraxia mexicana no solo se logra con los camioneros, también con
otros medios a los que se le somete a los ciudadanos, pero eso es tema de otro
ensayo.
VI
Con todo esto, Sócrates desaprobaría a los camioneros, ya
que ni son útiles, buenos y verdaderos, pero como no podemos hacer otra cosa más
que resignarnos, debemos de desarrollar una ataraxia, aunque como dice el
dicho: “Una cosa es Juan Domínguez y otra no me chingues”, en el sentido que
una cosa es el carácter ético y virtuoso del ciudadano que se tiene que
desarrollar y otra las políticas públicas de infraestructura, ya que si hemos derrocado a las divinidades que nos imponían
un destino, y hemos tomado las riendas de nuestro destino, debemos de someter
todo a los tres filtros socráticos, sino nos tenemos que resignar a tener una
gran ataraxia para poder sobrevivir en na sociedad así.