lunes, 20 de enero de 2020

Blue Monday y porqué no debes suicidarte


Blue Monday, el lunes más triste del año para los hispanohablantes, más ¿por qué estar tristes en lunes? Cierto es que los lunes causan pereza infinita con sólo recordar que debes iniciar la semana en tu trabajo donde te explotan, que el transporte público y las vialidades están atascadas por la sobrepoblación del planeta, pero, ¿esto es suficiente para deprimirse? No, aquí no pretendo decirte que no te suicides o no te deprimas en este lunes, sólo quiero recordarte que hay cosas por las cuales vale más la pena deprimirse.

Es cierto que es horrible ir después de un domingo fantástico a trabajar en lunes, apretado en el metro, pero, por lo menos tienes acceso a los sistemas básicos (que no bastan para nuestras necesidades), de salud y seguridad social. Tienes un empleo, quizá si mediocre, o vas a ver al profesor que te cae mal en su clase, pero no tienes que iniciar una jornada de manera ilegal en sembradíos en Estados Unidos ni en una mina de carbón, o no te explota una trasnacional en tu país para que en el primer mundo puedan tener sus iphones.

El lunes es triste, sí, pero más triste es ver como hay hombres y mujeres que creen que no usando popotes van a terminar con la crisis ecológica que nos amenaza con extinguir. Ponte a reflexionar en tu trayecto al metro, que en unos 20 años estarás peleando por agua y recursos como en Mad Max, en vez de lamentarte aprende Karate.

Por último y no menos importante, probablemente el amor de tu vida ni siquiera te ama, y estás en una relación que fue lo “menos peor” que encontraste, piensa que hay miles de miserables que por miedo a la soledad están en una relación que no les satisface.
Así que no sientas penas en este Blue Monday, hay peores cosas por las cuales sentirse triste, patéticamente la tristeza será parte del resto de tu año.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Los nuevos pogromos


En “Hacía una crítica de la violencia” Walter Benjamin decía que la violencia cumplía un rol importante en la instauración del derecho, pues su papel era hacer factible la permanencia de la legitimidad del mismo1, lo cual tenía como conclusión obvia que el derecho contiene el elemento violento en su seno. No me interesa hacer una diferenciación entre tipos de derecho y sus implicaciones, lo que hoy interesa es prestar atención al momento en que pretendemos enarbolar un nuevo elemento de derecho en el mundo. En los tiempos venideros, en los que la incertidumbre arrecia, vale la pena detenernos a meditar junto con el berlinés, ya que una pregunta nos roe la conciencia: ¿nuestra cultura sigue produciendo esos documentos de barbarie de los que Benjamin nos advertía?

No es menor la cuestión, todo elemento que nosotros enarbolamos lleva tras de sí la destrucción de su antecesor, construimos constantemente sobre los despojos que vamos dejando de la Historia y de la Cultura, como bien señala Reyes Mate2, esta labor es la que hace de nuestra identidad el rico mosaico variopinto de cualidades que presentamos ante el mundo. Pero, aquí está el punto focal al cual dedicamos esta meditación: pues si hemos destruido en el pasado para construir nuevas concepciones, nuestro mundo de derechos y conquistas sociales no puede ser otra cosa que un mundo de destrucción y ruinas.

No se pretende hacer apología de viejos regímenes, ni de viejas estructuras aristocráticas, el autor de estas líneas se siente halagado que las pretensiones de reivindicaciones sean nuestra voz y nuestro aliciente, que destruyamos lo rancio que nos ha heredado el pasado, todo ello con el objetivo de tener ese glorioso amanecer que tantas veces nos fue prometido, y otras tantas nos fue negado. Aquí, empiezan los problemas, porque, ya no estamos en los tiempos de Hegel en que el pueblo temía a sus sabios cuando les conducían a la liberación, ahora los sabios le temen a sus pueblos.

El factor decisivo ha sido la fragmentación y polarización del mundo y la sociedad, las posturas y trincheras ideológicas ya no se definen por un estudio concienzudo de qué nos conviene como sociedad, sino de las ventajas y beneficios que se puedan adquirir en nombre de un ideal supremo que consideramos nos fue robado antaño, aunque no sepamos si alguna vez lo poseímos. La radicalización de la defensa a ultranza de esta libertad ha socavado los niveles mínimos de discusión, ya no se descalifica por la ignorancia del oponente, sino si aquel o tal nació con tal o cual órgano sexual.

Los defensores de nuestras conquistas como sus detractores usan esta consigna, como si los tiempos en que Shylock y Dreyfus eran señalados por su origen y, por el mismo eran pasados al patíbulo sin opción a la defensa, no se hubieran ido jamás. Nuestros derechos están sustentados en el miedo, cualquiera que se oponga puede ser sometido al escrutinio público, como los pogromos en Europa Oriental, donde no importaba si eras justo, bueno o maldito, tu origen señalaba el destino al que se debías ser sometido. La legalidad no escrita en la cual basamos los juicios públicos en las redes sociales, ha llegado a este punto, parece que no aprendimos la lección de Núremberg, cuya instauración violenta de una legalidad dejo un saldo de barbarie.

Así, Benjamin nos sirve para cuestionarnos y aterrarnos, porque si somos la generación que ya dejo atrás la época en que el garrote y los falsos juicios eran la norma, ¿por qué basamos la defensa de nuestros derechos en el miedo que genera las penas de negarlos? las redes sociales son el nuevo progromo, donde la no simpatía con estas masas, hace que el escarnio sea el menor de los males. Seguimos produciendo documentos de barbarie, seguimos construyendo sistemas monolíticos que se basan en la irrupción violenta, con los cuales nuestros nietos reprocharán de los documentos de barbarie que les estamos legando.


1.- Benjamin, Walter, Hacía una Crítica de la violencia, en Obras II, 1, p. 201
2.- Reyes Mate, La Piedra Desechada, Editorial Trotta, Madrid, 2013.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Socrates y los camioneros

Sócrates el gran maestro ateniense vivió una época excepcional sin duda, sus enseñanzas inspiraron a Platón y Aristóteles, cuyo mérito no es nada menos que ser los padres de la civilización occidental, pero, ¿Qué pasaría si Sócrates se encontrase en la ciudad de México o en su área metropolitana?, sin duda sería algo caótico o terrible para él, pero para no hacer un anacronismo enorme y aberrante, pongamos a Sócrates en una situación particular a la que nos hemos sometido todos los habitantes de ésta gran metrópoli, el uso de un camión.

I
Como todos los habitantes de una gran urbe que hemos usado camión alguna vez en nuestra vida, sabemos que cuando estos se llenan en hora pico puede resultar una aventura digna de Indiana Jones usarlos, ir colgado en sus bordes, o apretujado entre la gente, sumándole a eso los gritos insistentes del camionero exigiendo el retroceder para hacer más espacio, como si las leyes de la física se pudieran romper para que dos o más cuerpos ocupasen el mismo espacio.  
Sócrates sin duda sometería a juicio todos estos altercados usando sus tres filtros, el de la Verdad, la Bondad  y la Utilidad; sometiendo a análisis a través de sus filtros que opinaría Sócrates de nuestras experiencias en ese medio de transporte.

II
¿El camionero y la Verdad?, ciertamente esto pudiera parecer bizarro someterlo a dicho análisis, pero por el contrario, ¿nos tenemos que someter al  camión?, si pudiéramos contar los habitantes dela periferia de la ciudad con un medio alterno a los camiones no tendríamos porque someternos a los inclementes cambios de actitud de los camioneros, hacerlo sería resignarnos a que sólo ellos pueden proveer el servicio de transporte y no queda de otra, al contrario dentro de la ciudad se puede contar con otros medios de transporte que no hacen del camionero una verdad absoluta.

III
El camionero no es bueno, aunque no hay que negar que algunos camioneros se comportan bien con sus clientes, pero con la constante alza de la gasolina, los pasajeros que a veces no pagan completo su pasaje, y  la dura competencia que surge entre ellos, hacen que su comportamiento se adecue a ese entorno salvaje, pero el camionero no debe de tratar con esa actitud a sus trabajadores, por el contrario debe de ver por ellos, porque su empleo depende directamente de ellos, y a su vez  los pasajeros tienen necesidad de ellos. Entonces la bondad no se vuelve un requerimiento de su naturaleza, sino una necesidad de la supervivencia.

IV
¿El camionero es útil?, mientras no exista otra posibilidad de transporte su utilidad es innegable, ejerciendo un monopolio del transporte diversificado, porque dentro de su gremio hay una cantidad increíble de rutas y consorcios que agravan la situación del camionero, haciendo que su bondad se vaya diluyendo.

V
Una escuela posterior a Sócrates nos diría que el camionero cumple una función ética, en virtud de que nos ayuda a soportar el destino que se nos ha impuesto, esto debido al desinterés por parte de los gobiernos locales a mejorar esa situación, mientras el ciudadano tenga que soportar estas condiciones, tendrá que cultivar la ataraxia, para que las turbaciones desaparezcan y se someta a las necedades del camionero sin turbar su espíritu; aunque la ataraxia mexicana no solo se logra con los camioneros, también con otros medios a los que se le somete a los ciudadanos, pero eso es tema de otro ensayo.

VI

Con todo esto, Sócrates desaprobaría a los camioneros, ya que ni son útiles, buenos y verdaderos, pero como no podemos hacer otra cosa más que resignarnos, debemos de desarrollar una ataraxia, aunque como dice el dicho: “Una cosa es Juan Domínguez y otra no me chingues”, en el sentido que una cosa es el carácter ético y virtuoso del ciudadano que se tiene que desarrollar y otra las políticas públicas de infraestructura, ya que  si hemos derrocado a las divinidades que nos imponían un destino, y hemos tomado las riendas de nuestro destino, debemos de someter todo a los tres filtros socráticos, sino nos tenemos que resignar a tener una gran ataraxia para poder sobrevivir en na sociedad así.

martes, 1 de julio de 2014

CUENTO :)


Escuela, metrobus y cena en restaurantes baratos, era la rutina cotidiana de Eduardo, una vida normal de un estudiante  de facultad que quería salir de la vida familiar e iniciar la propia.
Una pequeña casa, gran palacio para Eduardo, un catre que le regalo su abuelo, una televisión de 60 pulgadas de su tía, un viejo horno de microondas que encontró de oferta en un supermercado, tres camisas y dos jeans, que más podía pedir un  estudiante humilde.
Vida sencilla, relajada y la mayor parte del tiempo rutinaria, pareciera ser una historia de la cual no se puede hablar, pues que tiene de interesante esta historia,               que pareciera ser la de la mayoría de las personas que transitan las calles o eso pensaba Eduardo hasta aquel Agosto.
Después de su primer año en la facultad, parecía que el segundo vendría lleno de expectativas y metas por cumplir, su modesta vivienda en la calle Mérida  #28, hacía que los viajes a la facultad no fueran tan largos, además que en sus ratos libres salía a divertirse a zona rosa. Mas sin en cambio en ese Agosto se produjo algo que Eduardo jamás había experimentado.
Esa tarde  regresaba de la escuela, era un día normal, había un poco de lluvia, eso no era problema pues llevaba un paraguas; un viaje en metrobus para Eduardo era poner su ipod a todo volumen, escuchar quizá suite de Bach, una canción de Silvio Rodríguez si había esa suerte, o porque no una canción de los Beatles a todo volumen y olvidarse de que el mundo existiese; además de leer un buen libro, en especial le encantaban los de Herman Hesse y los de Ernest Hemingway.  Vida cotidiana vaya, sin mucha importancia, mas sin en cambio ese día, por cinco segundos bajo su libro y volteo a la derecha, para encontrarse con aquellos ojos carmesí, ojos de un brillo sin igual, el dueño de esos ojos proyectaba una mirada en la cual encerraba la inocencia y la perversión; inocencia parecida a la que tenía Adán antes de comer el fruto prohibido, perversión que reflejaban los habitantes de Sodoma cuando quisieron a los ángeles que Job reguardaba en su casa.
Mirada enternecedora, cautivadora, atrapante y seductora, mirada que por solo cinco segundos  cambio a Eduardo, el carmesí de eso ojos parecían dos grandes zafiros, zafiros que parecieran haber sido pulidos y cortados por los joyeros mas expertos. Cinco segundos maravillosos y crueles, pues la inspiración la corto de tajo un señor que le comento a Eduardo—“¿joven va a bajar?, porque es la estación Insurgentes y tengo que bajar”. Sin responder descendió del metrobus, busco al dueño de aquella mirada, entre aquel hormiguero de gente era imposible localizar a alguien, “quizá tomo el metro, o se metió entre alguna de estas calles”, pensó el, abrumado por aquellos sentimientos que recorrían su cabeza.
Desde su niñez en su casa, en la iglesia y en la escuela, se le había enseñado que tener sentimientos afectuosos hacia personas de su mismo sexo, era del “demonio” y “antinatural, abrumado por esta gran contradicción, no se daba de lo que sucedía a su alrededor, y cuando reacciono estaba descendiendo las escaleras del metrobus con paso torpe, se afianzo al barandal y viendo hacia abajo noto algo particular, una cabellera ondulada, sobre una camisa azul, “!es el!”, pensó y sin dudarlo le siguió.
Era raro, pues hacerla de espía no era natural para alguien que estudiaba Letras Hispánicas, pero que da si el corazón está de por medio, la atracción de Eduardo no era carnal, sino estética, se dice que en la historia de la humanidad, hay casos en los que el amor no surge de la atracción sexual, sino de la visual, no era el deseo de juntar los cuerpos y unirlos en perfecta comunión, sino acariciar suavemente y tiernamente aquellos rizos; ver esos ojos de frente y meterse en ellos para nunca más salir; penetrar quedamente y lentamente en el recuerdo y que lo llegaran a necesitar; salir de las rutinas de los amorosos; no besar con los labios, sino con la mirada; respirarse mutuamente  en aquel rincón en que los brazos se funden en los abrazos eternos.
Eduardo estaba fascinado, belleza sin igual, alguna vez leyó la Ilíada de Homero y nunca comprendió porque, se había iniciado la guerra contra Troya por la bella Helena; ahora sin en cambio sabía que la belleza y más aun la curiosidad por conocer a la dueña, en este caso dueño, impulsaba a cualquier ser humano a cometer hazañas increíbles; aquel muchacho de cabellera ondulada, se dirigió hacia la salida a la calle de Jalapa.
Esa era la salida que Eduardo siempre usaba para dirigirse a su casa, subió las escaleras, y siguió su marcha,  cada paso lo acercaba aún más a aquel muchacho, y enseguida doblo a la izquierda en la calle de Puebla, esa misma ruta era la de Eduardo usaba diariamente para dirigirse a su residencia, extrañas coincidencias que da la vida, siguió caminando, hasta pasar por enfrente de la Covadonga, hasta que doblo a la derecha en la calle de Mérida, la adrenalina  recorría el cuerpo de Eduardo, coincidencia magnifica, y cuando pensaba cruzar la calle, noto que aquel muchacho saco unas llaves y abrió el numero veinte y siete de, “oh, por dios, vive enfrente de mí”, cuanto tiempo habrá vivido enfrente de él y ni siquiera lo noto.
Extraña coincidencia de la vida, hermosa confusión en la que se había sumergido, se hubiese quedado viendo aquella puerta todo el día, pero los relámpagos del cielo, amenazaban con más lluvia; con la emoción todavía encima, abrió su casa y cuando la puerta se cerró se recargo sobre ella, ahora comprendía que aquella vida solitaria y aislada al estilo del lobo estepario de Hesse, lo había alejado de los sentimientos comunes, una vida callada, sin expresar lo que sentía lo había alejado lo suficiente de aquellas emociones, pero no era culpa de él, así lo habían criado sus padres.
Esa noche en su cama, sin poder dormir, aquellos ojos no dejaban de mirarlo, sentía aquella mirada todavía, sentía su peso, su amor y su odio. Imaginaba como era el, su forma de pensar, su vida, en aquel lugar, fantaseaba exacerbadamente sobre aquel chico, se metió tan profundamente en su fantasía que sentís su presencia en su cama, tan fascinado estaba cuando sonó su despertador, la hora de la fantasía había acabado e iniciaba la de la escuela.
Emocionado e ilusionado ese día no presto atención a sus clases, ni participo como era costumbre en el, todos sus maestros quedaron atónitos ante tal actuación, no era el Eduardo que conocía, “quizá enfermo”, pensaron, pero su mirada aún era la que había, recibido la mirada de los ojos carmesí.
Se dirigió hacia  el metrobus como de costumbre a la una y media de la tarde en la estación Ciudad Universitaria, paso su tarjeta por los torniquetes, y camino en el andén, cuando de pronto vio esos cabellos ondulados, su corazón se detuvo un momento, pero sus pies siguieron avanzando, sin ninguna fuerza que los detuviera, se paró a lado derecho de él, y cuando volteo descubrió que era el mismo dueño de los ojos carmesí, , su corazón volvió a latir aceleradamente, pero no se atrevió a decirle palabra alguna, con su libro fingiendo que leía, observaba  aquel ser, de la misma altura que Eduardo, a simple vista parecía un sujeto normal, pero sus gestos eran extraños, y cuando llegaron a la estación Insurgentes se repitió la misma rutina del día anterior, de perseguir sin hablar.
Eduardo sin querer, ni darse cuenta callo en una rutina, de lunes a viernes se dedicaba a perseguirlo, siempre estaba en punto a la una y media en la estación Ciudad Universitaria para esperarlo, los fines de semana iba a casa de sus padres; estaba confundido no sabía a quién acudir, no tenía amigos, y en su familia que era ultra católica lo iban a desheredar y quizá hasta exorcizarlo, decidió callar y mantener aquel juego de persecuciones del corazón.
Pareciera que al fin descubría los misterios de los amores platónicos, aquellos amores imposibles, amores que solo causan locura y desesperación, tres meses habían pasado desde aquel primer encuentro de miradas, la pena o quizá su falta de relación con el mundo le impedían hablarle a aquel chico, y cada noche era lo mismo, estar sentado en su escritorio pensando sobre esto, que realidad era aquella en la que los sentimientos torturan la mente y la llevan a la locura, decidido a dormir, se puso su pijama regalo de sus abuelos abrió las cobijas de su cama, cuando una melodía le llego al oído.
Abrió su ventana, para escuchar mejor, la noche era clara, las estrellas y la luna se podían ver en toda su magnificencia, extraña noche aquella y muy rara en la ciudad, siguió buscando el origen de la melodía, cuando vio enfrente  en el numero veinte y siete una silueta en el marco de la venta con una guitarra, aquella melodía era nada más y nada menos que  una canción de Silvio Rodríguez, se llamaba “tu fantasma”, estaba siendo ejecutada con gran maestría además que el tono de voz era perfecto, se podía escuchar muy bien. Eduardo se sentó en el marco de su ventana a escuchar aquel concierto, y cuando la pieza término de ser ejecutada, se oyó el sonido de un aplauso, provenía del numero veinte y ocho, Eduardo le aplaudía con ternura y cariño, a lo que le contestaron “gracias Eduardo”, esto lo paralizo “sabe mi nombre, pero ¿cómo?
Cerró su ventana y decidió dormir, pero seguía abrumado porque supiera su nombre, pero la n supiera nada. A la mañana siguiente, momentos antes de salir rumbo a su facultad se oyó el timbre de la casa, “quien podrá ser a estas horas” nunca recibía visitas. Abrió la puerta y para su sorpresa era aquel muchacho de  los ojos carmesí, con una sonrisa le pregunto “¿Eduardo iras a la escuela hoy?”, “pero por supuesto que sí” respondió, “permíteme terminar de arreglarme, adelante pásate no te quedes afuera, hace frio”, atravesó aquel pórtico y  se sentó en las escaleras, a falta de un sillón o una silla.


 Eduardo estaba consternado, subió a su baño para terminar de afeitarse, ¿qué hacía hay?, ¿porque toco su puerta ese día? Preguntas que solo aquel muchacho podría responder, bajo enseguida y dijo
Hola- ammm amm no sé por dónde comenzar, pero pues no te conozco, ¿cómo te llamas?-dijo Eduardo-   Hola, me llamo Daniel, soy tu vecino de enfrente. –Respondió el muchacho- Lo que me da curiosidad es como supiste mi nombre sin siquiera conocerme.- replico Eduardo -Bobo, se que me sigues desde hace mucho tiempo- alego Daniel-. El secreto de Eduardo quedaba al descubierto, sabía que lo seguían sabía demasiado sin siquiera haber hablado, eran dos seres que se conocían desde siempre, pero se eran ajenos.
El camino hacia la facultad estuvo lleno de las preguntas triviales, sobre música, gustos, hasta que Daniel dijo: “sé que estudias letras hispánicas”, con cara de asombro Eduardo le respondió, “y como sabes eso”, “mis profesores me hablan bien de ti, dicen que eres muy bueno”. Eso significaba que estaban en la misma facultad y en la misma carrera, se conocían desde lejos, desde siempre, se conocían como se conoce a los sueños viejos y buenos. Su amistad iniciaba bien, pero había algo en sus miradas que los delataba, ambos no querían una amistad, ambos se estaban atrapando en sus ojos y en sus memorias.
Llegando a la facultad, cada quien se fue para su salón, Eduardo estaba feliz, recobraba el júbilo perdido, volvía a ser el de antes, después de tres meses de enajenamiento, volvía a ser el mismo, día magnifico aquel, y como todos los días llego en punto a la una y media al metrobus, momento en que llegaba Daniel, se saludaron como buenos amigos, Daniel le dijo que en la cineteca nacional iban a pasar una película de Charles Chaplin, que si no quería ir, a ambos le gustaba Chaplin así que no hubo problema para convencerse. Hermosa función, sana risa que les producía Charles Chaplin, el regreso a casa estuvo lleno de comentarios sobre la película, hablaban como si fuesen viejos amigos y vaya que lo eran, las miradas durante meses los habían ido mezclando.
Al llegar a la calle de Mérida, la despedida fue dolorosa, ellos no querían que terminara aquella velada, mas sin en cambio tenía que terminar. Al decirse adiós, en un impulso repentino Daniel, exclamo, ¿no quieres una taza de café?, Eduardo sin querer dijo si, caminaron rumbo al número veinte y siete, entraron, era una casa pequeña, pero acogedora, amueblada con cosas donadas por su familia, Daniel metió dos tazas  de café al horno de microondas mientras invitaba a Eduardo a sentarse en su sala, Daniel programo el horno y se sentó en el sillón y miro a Eduardo, Eduardo respondió la mirada, reproducían la mirada de aquel primer momento, y con un impulso Eduardo lanzo un beso que le fue respondido, la pasión se desbordo,  y los dos se unieron en perfecta comunión, no era un  amor de supermercado era un amor creado especialmente para ellos, no fue el simple acto de entregarse el uno al otro, fue la consumación  de aquel amor que se gestó en las miradas. Sin quererlo se enamoraron el uno del otro, pero esto traería consecuencias graves.

Mientras en el numero veinte y siete de la calle de Mérida, se fundían dos almas que parecía que nacieron la una para la otra, en zacatecas numero ochenta y uno, la familia de Eduardo estaba preocupada, pues siempre los viernes de cada semana se dirigía hacia esa  casa para pasar el fin de semana ahí. Mas sin en cambio ese viernes no fue así, después de marcarle a su casa y a su celular, y sin obtener respuesta, decidieron esperar al alba e ir a su casa para ver que ocurría.
Al día siguiente mientras Eduardo salía de la casa de Daniel despidiéndose con un beso, su familia llego, vio aquella escena y se espantaron, creyeron que dios había castigado a su familia, pero no fue dios, fueron ellos por haberlo criado así. De un tirón su padre separo a Eduardo de Daniel y lo metió al carro, su mama estaba llorando, su padre estaba furioso y Eduardo estaba apenado.
Daniel no podía creer aquello, se habían llevado a su amado y el solo se había quedado viendo, la depresión lo invadió de inmediato y recurrió al alcohol, mientras Eduardo estaba abrumado y desconcertado su papá estaba manejando rumbo a la salida Cuernavaca, el preguntaba ¿A dónde me llevan? Y nunca le respondieron, vio que se acercaban a un convento, su padre le ordeno bajar del carro, entraron por un corredor ancho, frio y obscuro su madre y él se sentaron en una banca de madera mientras su padre entraba por una pequeña puerta, estuvo dentro media hora, su madre con un rosario en la mano no dejaba de rezar, consternado Eduardo le preguntaba que iba a pasar, pero no obtenía respuesta alguna.
Al salir su padre solo exclamo “los pecados deben de ser castigados” y se retiró junto a su madre, un monje le dio un habito y lo llevo a un cuarto frio y húmedo, lo encerró, ¿será acaso este el fin? pensó Eduardo, será acaso que no entienden las diferentes formas de amar, o será que creen que el amor solo se da como los padres, creando lastimas eternas que unan a las parejas. Estas preguntas surgían en su mente, lo atormentaban y aterraban, pero que se podía hacer, nada era hora de dormir.
En su primer y único día el aquel convento le dijeron, que había que cuidar los cultivos, salió a las cinco de la mañana de su cuarto, tomo su ración de pan, y un poco de atole sin azúcar, hizo los rezos matinales y a las nueve lo llevaron a los cultivos, lo pusieron en cuclillas revisando que no hubiera mala hierba y si había que la quitara con las manos, trabajo penoso aquel, que dios no les podía ordenar usar herramientas de jardinería, el cura que lo vigilaba le aviso que iría al baño que no tardaba, este era el momento de escapar, sino lo hacía ahorita, era nunca, corrió rápidamente hacia el muro y lo subió con gran agilidad, salto hacia el otro lado y corrió como loco sin voltear atrás, siguió corriendo, corría desesperadamente, tenía una meta: “Daniel”.
Cuando llego a la carretera pudo detenerse tranquilamente nadie lo seguía eran como las seis de la tarde quizá, había pasado un buen tiempo desde que salió del convento, tardarían una hora en decidir buscarlo, y decidió caminar hacia el norte rumbo a su casa , estaba caminando cuando oyó un claxon, pensó que eran sus padres pero no, era un profesor, que lo reconoció, le pregunto qué hacía vestido de esa forma tan ridícula y hacia donde iba, Eduardo le comento que iba a la calle Mérida en la colonia roma, el profesor accedió llevarlo hasta haya.

Llegando a la calle de Mérida, Daniel agradeció al profesor y abrió la puerta de su casa, corrió a bañarse rápidamente, en una mochila hecho una cuanta ropa y tomo el dinero que tenía y sus cosas; salió corriendo hacia el numero veinte y siete, la puerta estaba abierta y se escuchaba una canción, era la de mi “Unicornio azul” de Silvio Rodríguez, y en un sillón Daniel estaba con un vaso de tequila en la mano, al verlo y con su mochila al hombro comprendió la situación corrió a su cuarto, bajo con una mochila al hombro y ambos salieron a la calle, se tomaron de la mano y caminaron hacia un nuevo comienzo, mientras los faroles de la calle se iban encendiendo poco a poco.

el Piojo Herrera y la catarsis nacional

Cuando los antiguos griegos iban al teatro, no solamente se sentaban a observar la dichosa obra que les era representada, iban a presenciar un acto que ellos mismos pudieran padecer, ya sea para bien o para mal, ha dicho acto de ir al teatro le llamaban catarsis, que quiere decir purificación emocional, corporal, mental y espiritual. Entonces ir a una obra de teatro era ver la recompensa o el castigo que recibía el personaje y sentirse aliviado porque dicho castigo no le pertenecía a uno. Aunque no por eso se estaba seguro de no recibirlo si no se controlaban las pasiones que podían orillar a uno a cometer actos contrarios a la opinión pública.
Aunque en nuestro tiempo pasa algo curioso, ya no es el teatro donde lavamos las culpas que pudiera sentir nuestro espíritu, sino es el futbol, si, ese deporte en donde 22 jugadores se pasean de un lado a otro con un balón, siendo su única intención meter dicho esférico en la portería contraria. No diré aquí porque es malo o bueno, que de eso ya se ha escrito mucho y falsamente, sino diré la función que le hemos dado a este deporte, ya que así como los griegos iban al teatro, nosotros prendemos las televisiones cuando juega el equipo nacional y paralizamos toda actividad con tal de ver esos 90 minutos en donde pueden surgir tantas emociones como arenas en el mar.
Pero no solo es el hecho de prender la televisión cuando juega nuestro glorioso equipo nacional, sino que su director técnico el llamado piojo herrera, ha hecho que toda una nación se paralice de verdad, ya que ha hecho de lo que se creía una selección mediocre sin espíritu de cuerpo un equipo formidable, que si bien no llego a cuartos de final, si ejerció un buen desempeño. Ese señor cuyo mayor logro según los medios son sus formas de celebrar, logro que durante 4 partidos el mexicano se olvidara de la situación de su país, entre los gritos de viva México, eeeeee puto,  culero y el canto de cielito lindo, se fueron diluyendo gota a gota el malestar en la economía, el desempleo, los bajos salarios, la delincuencia, la inseguridad. Porque no es que solamente por apoyar a la selección purifiquemos el espíritu, entre los gritos contra el árbitro, el equipo contrario, y contra nuestros propios jugadores que no entienden las intrincadas jugadas mentales que hacemos, sacábamos las frustraciones almacenadas de 4 años.

Considero importante que el piojo se convierta en un mártir que  con su derrota ante Holanda, tendrá la culpa de todos los males patrios, y no porqué él sea el culpable, sino que simplemente al no poder llevar nuestros sueños mas allá del quinto cuarto partido, y cortar la magia y la esperanza, se verá relegado al lugar de los prometeos aztecas que se les juzga por males que nunca cometieron a la nación.

jueves, 15 de agosto de 2013

el YO de adentro y el YO de afuera

Trato de seguir el método cartesiano, limpio la mente, intento quitarme los prejuicios, olvido lo previo, para generar nuevas estructuras; pero, algo sigue presente, algo que la interioridad misma no puede omitir, algo que me es necesario para poder hacer el proceso ya mencionado. Esa cosa, eso que quizá sea un objeto, es el YO; permanece dentro como mera suposición de que soy algo, aunque también está fuera de mí, como proceso de identificación con el mundo.
Esta doble dualidad hace que me sienta extraño, al no poder realizar una duda metódica cartesiana; ¿está mal esta dualidad? Yo creo que no, al estar dentro de mí esté YO, me da una identidad propia, forma parte de mi imaginario y, me da el poder para expresar  frases como: YO soy, YO vivo, YO siento;  Afirmo así que  mi existencia no solamente es racional, las sensaciones juegan un rol importante, vivo de sensaciones, que a su vez me traen experiencia; la primera forma en que me acerque al mundo fue observando, tocando, probando y  oliendo. No puedo negar este pasado, por más filósofo y amante de la lógica que pueda ser, el mundo no llego a mí por meras intelecciones, llego por medio de los sentidos, que como indica su nombre sintieron todo a mí alrededor, gozando y sufriendo.

Siendo así que si el YO interno fue develando el mundo,  y fue conociéndolo, no fue asimismo que empecé a tener conciencia de estas nuevas experiencias, más que empezando a tener noción de que había algo que me diferenciaba del árbol que daba sus frutos,  del triciclo que usaba,  de las aves y su canto, del perro y de los demás niños; esa esencia que me hacía singular en la totalidad de mi comunidad, no es más que la exteriorización del primer YO con el que conocí el mundo. Pero, este YO de afuera, solo se hizo cognoscible cuando tome conciencia de que había un YO y había OTRO, este proceso no es más que mi autoconciencia.  Y llegado a este punto, ¿Quién me asegura que tengo dos YO?


(  Si alguien quiere saber de qué coño estoy hablando vea primero:

martes, 13 de agosto de 2013

busqueda del "YO"

Salgo corriendo a la calle, una premisa ronda mi cabeza; no sé cómo expresarla, pero me hace estragos la conciencia. Saber que “yo”, no es una construcción impenetrable, que esa fortaleza y refugio mío puede contener un extraño; no sé quién sea el extraño, si yo el que interrogo, o aquella idea que tengo del “yo”.  Aunque suene paranoico, el “yo” se hace extraño todos los días, desde un pequeño enojo, hasta un accidente, esas experiencias alejan a uno del “yo”. Porqué nos movemos en el ámbito de la temporalidad, no seré diferente al que se enoje en un rato, ni soy igual al que era en mi antepasada relación amorosa, ni soy el mismo de ayer. El “yo” se va desfragmentando en pequeñas experiencias que van aumentando el entretejido de la conciencia.
Mis abuelos me dicen que deje de pensar en cosas inútiles, que el “yo” me fue dado por la gracia de Dios, que no dude de su magnificencia; aunque siendo sinceros, ese “yo” que ellos promueven, está plagado de prohibiciones, castigos y recompensas. No quiero un YO que solo se encargue de vigilar y castigar como decía Foucault.
Busco entre los recuerdos de mi ex, una foto suya con traje, encuentro un YO, que ahora me es ajeno, un YO que creo una estructura en el amor para hacerle frente a la realidad. Fuimos, es mejor decirlo, porque ya no somos, el amor genero discordia, y el YO se desfragmento en la muerte, pero con la muerte volvió la vida, creo que es lo único que te agradezco.
Mis amigos a su estilo único, me dicen: “déjate de mamadas”, pero esta “mamada” (como ellos le llaman) es cosa de mi existencia,  es cosa única pero de ellos también, porque mi YO ha sido desfragmentado en las experiencias que he tenido junto a ellos. Sonara irrisorio, pero ellos tienen un cacho de mi YO, y yo poseo un pedazo de su YO. Somos intrusos que constantemente estamos en el otro.

¿Dónde está mi YO? ¿Algún día lo encontrare? Quizá, las posibilidades de tener una unidad impenetrable, donde la conciencia, los sentimientos y mis pasiones se conjuguen en armonía, es muy remota. Y aunque quizá el único momento donde la experiencia cese y deje de desfragmentarme sea la muerte; quizá pueda encontrar mi YO.

viernes, 28 de junio de 2013

la Mística del gobernate Parte I



La Mística del gobernante 

Ernesto Guevara más conocido como el “Che”,  se refería a los gobernantes despectivamente  dándoles el mote de “Olimpos”,  haciendo este ejercicio calificativo para denotar un problema tan ancestral como la primera civilización: “los gobernantes están alejados de su pueblo y se creen semi-dioses”.
En la antigüedad está afirmación tenía sentido, ya que se necesitaba una coerción social que tuviera un valor superior a cualquier hombre; pero, en nuestra época los gobernantes siguen teniendo la misma pompa que los reyes de antaño, pero han cambiado la divinidad  en su papel supremo de eje rector de la moralidad, por el de las leyes. Que las dos tienen el mismo valor metafísico ya que no se haya en un lugar tangible más que cuando se le plasma en una figurilla o en un legajo que le da existencia.
Los gobernantes requieren de tener una autoridad moral más fuerte que su propia presencia, ya que si algo falla, se puede recurrir al pasado como método de salvación.  Pues cuando hay una crisis, el pasado surge de pronto como una época dorada donde todo era belleza y perfección, mientras que en la época presente del sujeto la decadencia de la civilización (que siempre está presente) se hace notoria; las viejas estructuras fallan, los valores se desintegran,  las relaciones personales se desintegran, el hombre no tiene que comer, el empleo se pierde, y todo el peso cae en el gobernante. Platón decía que el gobernante por excelencia era el filósofo, porqué éste tenía una amplia visión del  panorama de su época y sabría cómo reacción ante cada situación.
Pero que pasa, el filósofo no gobierna, es el hombre común quien tiene las riendas del poder, es el hombre que ha surgido del pueblo ya sea de los estratos más altos o de los estratos más bajos. Ese hombre no ve todo su panorama y en vez de progresar hacia un futuro incierto, pero revolucionario, decide dar rienda suelta a las peticiones del pueblo y recurre al pasado para salvar su sociedad, se crean nacionalismos, discursos alabando al pasado, estatuas, monumentos, cualquier cosa que aluda al pasado. Convirtiendo así al gobernante,  en una especie de profeta mesiánico al cual se le han sido entregados los secretos del arte de gobernar por parte de sus antecesores. Pero, que emule al pasado no quiere decir que sea igual que todos quienes le antecedieron, el zar Alejandro II, no fue igual que el Zar Pedro el grande, por más que lo emulara nunca igualo grandeza de su antecesor;  ningún emperador bizantino pudo igualar las glorias de Constantino.
Sin embargo por más malo que pueda ser un nacionalismo exacerbado y un corporativismo que emule el pasado, la función social de unificar a una sociedad nadie la puede negar, que los gobernantes no sepan hacia donde guiar su pueblo es otra cosa. Quizá el mejor ejemplo sea el de Vercingetorix el líder galo, que unifico a todas las tribus galas contra Julio Cesar,  unifico a su pueblo, lucho contra los romanos con valor sin igual, uso todas las artimañas políticas que pudo para esta empresa, sin embargo fue vencido;  como diría Harvey Den (el fiscal de distrito de Batman) “o mueres como un héroe o vives lo suficiente para ser un villano”.  Vercingetorix se convirtió en el símbolo de la primera unificación francesa, un líder desinteresado cubierto de una mística sin igual, supo ver su panorama y actuó de acorde a la situación, sin embargo la mística del gobernante no acaba aquí, y habrá que hablar mas sobre ella.

jueves, 21 de marzo de 2013

la Conciencia



El ser humano no solamente es cuerpo y acciones, otros factores lo confrontan, como los sentimientos, las pasiones, y los estímulos: pero, ninguno de  ellos ejerce un papel tan significativo como la conciencia, ella, (si bien no se sabe dónde se encuentra) es indudable que existe una especie de voz interna, juez o verdugo interno que arremete contra el hombre en las acciones y pensamientos que tiene.
Este juez, o verdugo, más conocido como conciencia se le debe la mayor parte del comportamiento y la actividad intelectual que tiene el hombre (aunque haya algunos que actúan, como si no lo tuvieran), con él, se hace el dialogo más rico que pueda tener  el hombre, porque en él hay resoluciones puras, que no se ven afectadas por la opinión de la gente, y están más cerca de aquello que los antiguos llamaban Gnosis, eso que era el conocimiento universal o la razón más pura. Ese acercamiento es la actividad más pura que puede hacer el hombre ya que lo acerca con su “yo” más interno, aquel que no tiene prejuicios, estigmas, ni servilismos; aquel último vestigio de los primeros padres, que se acercaban a la naturaleza sin vacilación y a aquel fuego ancestral celeste (las estrellas) que inspiraban y alimentaban el raciocinio humano, para confabular las más grandes sagas y poemas épicos que haya conocido la humanidad.
Aquel fuego ancestral que el hombre observo en el cielo fue capturado por el hombre, para el hombre, aquel fuego se transformó en ingenio y sagacidad, y también en aquel juez interno que no conoce límites, en su juicio certero contra el pensamiento del hombre. Aunque también, ese fuego se expresa hacia afuera de la conciencia, no solo se queda ahí, cuando sale igualmente es fructífero, porque combate contra los dogmatismos y opiniones reinantes en el mundo, aquellos que sin vacilación han expresado ese fuego, han provocado grandes convulsiones benignas a lo largo de la historia, en el desarrollo de la humanidad.
Asi, la conciencia tiene dos enfoques uno interno que es el más cercano a lo sagrado, y el externo que proviene del interno y que se puede pervertir, dependiendo de la firmeza que tenga el sujeto que lo exponga. Ya que lo que se gesta en el interior de la conciencia son  los conceptos con los que el sujeto trata de explicar su mundo, y cobran materialidad al externarlos. Aunque claro cada una de estos juegos mentales, lleva sus consecuencias y sus beneficios, que trataré de indagar en otros artículos.