La Mística del gobernante
Ernesto Guevara más conocido como el “Che”, se refería a los gobernantes despectivamente dándoles el mote de “Olimpos”,
haciendo este ejercicio calificativo para denotar un problema tan
ancestral como la primera civilización: “los gobernantes están alejados de su
pueblo y se creen semi-dioses”.
En la antigüedad está afirmación tenía sentido, ya que se
necesitaba una coerción social que tuviera un valor superior a cualquier hombre;
pero, en nuestra época los gobernantes siguen teniendo la misma pompa que los
reyes de antaño, pero han cambiado la divinidad
en su papel supremo de eje rector de la moralidad, por el de las leyes. Que
las dos tienen el mismo valor metafísico ya que no se haya en un lugar tangible
más que cuando se le plasma en una figurilla o en un legajo que le da
existencia.
Los gobernantes requieren de tener una autoridad moral más
fuerte que su propia presencia, ya que si algo falla, se puede recurrir al
pasado como método de salvación. Pues cuando
hay una crisis, el pasado surge de pronto como una época dorada donde todo era
belleza y perfección, mientras que en la época presente del sujeto la decadencia
de la civilización (que siempre está presente) se hace notoria; las viejas
estructuras fallan, los valores se desintegran,
las relaciones personales se desintegran, el hombre no tiene que comer,
el empleo se pierde, y todo el peso cae en el gobernante. Platón decía que el
gobernante por excelencia era el filósofo, porqué éste tenía una amplia visión del panorama de su época y sabría cómo reacción ante
cada situación.
Pero que pasa, el filósofo no gobierna, es el hombre común
quien tiene las riendas del poder, es el hombre que ha surgido del pueblo ya
sea de los estratos más altos o de los estratos más bajos. Ese hombre no ve
todo su panorama y en vez de progresar hacia un futuro incierto, pero
revolucionario, decide dar rienda suelta a las peticiones del pueblo y recurre
al pasado para salvar su sociedad, se crean nacionalismos, discursos alabando
al pasado, estatuas, monumentos, cualquier cosa que aluda al pasado. Convirtiendo
así al gobernante, en una especie de
profeta mesiánico al cual se le han sido entregados los secretos del arte de
gobernar por parte de sus antecesores. Pero, que emule al pasado no quiere
decir que sea igual que todos quienes le antecedieron, el zar Alejandro II, no
fue igual que el Zar Pedro el grande, por más que lo emulara nunca igualo
grandeza de su antecesor; ningún
emperador bizantino pudo igualar las glorias de Constantino.
Sin embargo por más malo que pueda ser un nacionalismo
exacerbado y un corporativismo que emule el pasado, la función social de
unificar a una sociedad nadie la puede negar, que los gobernantes no sepan
hacia donde guiar su pueblo es otra cosa. Quizá el mejor ejemplo sea el de
Vercingetorix el líder galo, que unifico a todas las tribus galas contra Julio
Cesar, unifico a su pueblo, lucho contra
los romanos con valor sin igual, uso todas las artimañas políticas que pudo para
esta empresa, sin embargo fue vencido;
como diría Harvey Den (el fiscal de distrito de Batman) “o mueres como
un héroe o vives lo suficiente para ser un villano”. Vercingetorix se convirtió en el símbolo de
la primera unificación francesa, un líder desinteresado cubierto de una mística
sin igual, supo ver su panorama y actuó de acorde a la situación, sin embargo
la mística del gobernante no acaba aquí, y habrá que hablar mas sobre ella.
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