miércoles, 27 de noviembre de 2019

Los nuevos pogromos


En “Hacía una crítica de la violencia” Walter Benjamin decía que la violencia cumplía un rol importante en la instauración del derecho, pues su papel era hacer factible la permanencia de la legitimidad del mismo1, lo cual tenía como conclusión obvia que el derecho contiene el elemento violento en su seno. No me interesa hacer una diferenciación entre tipos de derecho y sus implicaciones, lo que hoy interesa es prestar atención al momento en que pretendemos enarbolar un nuevo elemento de derecho en el mundo. En los tiempos venideros, en los que la incertidumbre arrecia, vale la pena detenernos a meditar junto con el berlinés, ya que una pregunta nos roe la conciencia: ¿nuestra cultura sigue produciendo esos documentos de barbarie de los que Benjamin nos advertía?

No es menor la cuestión, todo elemento que nosotros enarbolamos lleva tras de sí la destrucción de su antecesor, construimos constantemente sobre los despojos que vamos dejando de la Historia y de la Cultura, como bien señala Reyes Mate2, esta labor es la que hace de nuestra identidad el rico mosaico variopinto de cualidades que presentamos ante el mundo. Pero, aquí está el punto focal al cual dedicamos esta meditación: pues si hemos destruido en el pasado para construir nuevas concepciones, nuestro mundo de derechos y conquistas sociales no puede ser otra cosa que un mundo de destrucción y ruinas.

No se pretende hacer apología de viejos regímenes, ni de viejas estructuras aristocráticas, el autor de estas líneas se siente halagado que las pretensiones de reivindicaciones sean nuestra voz y nuestro aliciente, que destruyamos lo rancio que nos ha heredado el pasado, todo ello con el objetivo de tener ese glorioso amanecer que tantas veces nos fue prometido, y otras tantas nos fue negado. Aquí, empiezan los problemas, porque, ya no estamos en los tiempos de Hegel en que el pueblo temía a sus sabios cuando les conducían a la liberación, ahora los sabios le temen a sus pueblos.

El factor decisivo ha sido la fragmentación y polarización del mundo y la sociedad, las posturas y trincheras ideológicas ya no se definen por un estudio concienzudo de qué nos conviene como sociedad, sino de las ventajas y beneficios que se puedan adquirir en nombre de un ideal supremo que consideramos nos fue robado antaño, aunque no sepamos si alguna vez lo poseímos. La radicalización de la defensa a ultranza de esta libertad ha socavado los niveles mínimos de discusión, ya no se descalifica por la ignorancia del oponente, sino si aquel o tal nació con tal o cual órgano sexual.

Los defensores de nuestras conquistas como sus detractores usan esta consigna, como si los tiempos en que Shylock y Dreyfus eran señalados por su origen y, por el mismo eran pasados al patíbulo sin opción a la defensa, no se hubieran ido jamás. Nuestros derechos están sustentados en el miedo, cualquiera que se oponga puede ser sometido al escrutinio público, como los pogromos en Europa Oriental, donde no importaba si eras justo, bueno o maldito, tu origen señalaba el destino al que se debías ser sometido. La legalidad no escrita en la cual basamos los juicios públicos en las redes sociales, ha llegado a este punto, parece que no aprendimos la lección de Núremberg, cuya instauración violenta de una legalidad dejo un saldo de barbarie.

Así, Benjamin nos sirve para cuestionarnos y aterrarnos, porque si somos la generación que ya dejo atrás la época en que el garrote y los falsos juicios eran la norma, ¿por qué basamos la defensa de nuestros derechos en el miedo que genera las penas de negarlos? las redes sociales son el nuevo progromo, donde la no simpatía con estas masas, hace que el escarnio sea el menor de los males. Seguimos produciendo documentos de barbarie, seguimos construyendo sistemas monolíticos que se basan en la irrupción violenta, con los cuales nuestros nietos reprocharán de los documentos de barbarie que les estamos legando.


1.- Benjamin, Walter, Hacía una Crítica de la violencia, en Obras II, 1, p. 201
2.- Reyes Mate, La Piedra Desechada, Editorial Trotta, Madrid, 2013.