Nada, no pasa nada,
De hecho nunca ha pasado nada;
Ni el negro manto de la noche
Que ruin y alevosamente destruye
Y construye mis esperanzas, él, que tanto
escucha mis sollozos, sabe que pasa.
No escuchen esto que expreso hoy,
Que tan solo es la lejanía de una cercanía
Que sudor y gozo provocaron un día en mi alma
Y ahora en esta distancia, extraño en el frio de la noche.
Me siento un exiliado de esa boca,
Un desterrado, que ansia con el espíritu
Volver a su patria.
Se que no puedo volver, no me lo recuerdes,
mi destino, ha de ser un peregrino, vagando
por el mundo, sollozando estrepitosamente
cuando el viento traiga a mi oído
el leve susurro tan tuyo de las palabras de amor.