viernes, 28 de junio de 2013

la Mística del gobernate Parte I



La Mística del gobernante 

Ernesto Guevara más conocido como el “Che”,  se refería a los gobernantes despectivamente  dándoles el mote de “Olimpos”,  haciendo este ejercicio calificativo para denotar un problema tan ancestral como la primera civilización: “los gobernantes están alejados de su pueblo y se creen semi-dioses”.
En la antigüedad está afirmación tenía sentido, ya que se necesitaba una coerción social que tuviera un valor superior a cualquier hombre; pero, en nuestra época los gobernantes siguen teniendo la misma pompa que los reyes de antaño, pero han cambiado la divinidad  en su papel supremo de eje rector de la moralidad, por el de las leyes. Que las dos tienen el mismo valor metafísico ya que no se haya en un lugar tangible más que cuando se le plasma en una figurilla o en un legajo que le da existencia.
Los gobernantes requieren de tener una autoridad moral más fuerte que su propia presencia, ya que si algo falla, se puede recurrir al pasado como método de salvación.  Pues cuando hay una crisis, el pasado surge de pronto como una época dorada donde todo era belleza y perfección, mientras que en la época presente del sujeto la decadencia de la civilización (que siempre está presente) se hace notoria; las viejas estructuras fallan, los valores se desintegran,  las relaciones personales se desintegran, el hombre no tiene que comer, el empleo se pierde, y todo el peso cae en el gobernante. Platón decía que el gobernante por excelencia era el filósofo, porqué éste tenía una amplia visión del  panorama de su época y sabría cómo reacción ante cada situación.
Pero que pasa, el filósofo no gobierna, es el hombre común quien tiene las riendas del poder, es el hombre que ha surgido del pueblo ya sea de los estratos más altos o de los estratos más bajos. Ese hombre no ve todo su panorama y en vez de progresar hacia un futuro incierto, pero revolucionario, decide dar rienda suelta a las peticiones del pueblo y recurre al pasado para salvar su sociedad, se crean nacionalismos, discursos alabando al pasado, estatuas, monumentos, cualquier cosa que aluda al pasado. Convirtiendo así al gobernante,  en una especie de profeta mesiánico al cual se le han sido entregados los secretos del arte de gobernar por parte de sus antecesores. Pero, que emule al pasado no quiere decir que sea igual que todos quienes le antecedieron, el zar Alejandro II, no fue igual que el Zar Pedro el grande, por más que lo emulara nunca igualo grandeza de su antecesor;  ningún emperador bizantino pudo igualar las glorias de Constantino.
Sin embargo por más malo que pueda ser un nacionalismo exacerbado y un corporativismo que emule el pasado, la función social de unificar a una sociedad nadie la puede negar, que los gobernantes no sepan hacia donde guiar su pueblo es otra cosa. Quizá el mejor ejemplo sea el de Vercingetorix el líder galo, que unifico a todas las tribus galas contra Julio Cesar,  unifico a su pueblo, lucho contra los romanos con valor sin igual, uso todas las artimañas políticas que pudo para esta empresa, sin embargo fue vencido;  como diría Harvey Den (el fiscal de distrito de Batman) “o mueres como un héroe o vives lo suficiente para ser un villano”.  Vercingetorix se convirtió en el símbolo de la primera unificación francesa, un líder desinteresado cubierto de una mística sin igual, supo ver su panorama y actuó de acorde a la situación, sin embargo la mística del gobernante no acaba aquí, y habrá que hablar mas sobre ella.