viernes, 18 de noviembre de 2011

CUENTO :)


Escuela, metrobus y cena en restaurantes baratos, era la rutina cotidiana de Eduardo, una vida normal de un estudiante  de facultad que quería salir de la vida familiar e iniciar la propia.
Una pequeña casa, gran palacio para Eduardo, un catre que le regalo su abuelo, una televisión de 60 pulgadas de su tía, un viejo horno de microondas que encontró de oferta en un supermercado, tres camisas y dos jeans, que más podía pedir un  estudiante humilde.
Vida sencilla, relajada y la mayor parte del tiempo rutinaria, pareciera ser una historia de la cual no se puede hablar, pues que tiene de interesante esta historia,               que pareciera ser la de la mayoría de las personas que transitan las calles o eso pensaba Eduardo hasta aquel Agosto.
Después de su primer año en la facultad, parecía que el segundo vendría lleno de expectativas y metas por cumplir, su modesta vivienda en la calle Mérida  #28, hacía que los viajes a la facultad no fueran tan largos, además que en sus ratos libres salía a divertirse a zona rosa. Mas sin en cambio en ese Agosto se produjo algo que Eduardo jamás había experimentado.
Esa tarde  regresaba de la escuela, era un día normal, había un poco de lluvia, eso no era problema pues llevaba un paraguas; un viaje en metrobus para Eduardo era poner su ipod a todo volumen, escuchar quizá suite de Bach, una canción de Silvio Rodríguez si había esa suerte, o porque no una canción de los Beatles a todo volumen y olvidarse de que el mundo existiese; además de leer un buen libro, en especial le encantaban los de Herman Hesse y los de Ernest Hemingway.  Vida cotidiana vaya, sin mucha importancia, mas sin en cambio ese día, por cinco segundos bajo su libro y volteo a la derecha, para encontrarse con aquellos ojos carmesí, ojos de un brillo sin igual, el dueño de esos ojos proyectaba una mirada en la cual encerraba la inocencia y la perversión; inocencia parecida a la que tenía Adán antes de comer el fruto prohibido, perversión que reflejaban los habitantes de Sodoma cuando quisieron a los ángeles que Job reguardaba en su casa.
Mirada enternecedora, cautivadora, atrapante y seductora, mirada que por solo cinco segundos  cambio a Eduardo, el carmesí de eso ojos parecían dos grandes zafiros, zafiros que parecieran haber sido pulidos y cortados por los joyeros mas expertos. Cinco segundos maravillosos y crueles, pues la inspiración la corto de tajo un señor que le comento a Eduardo—“¿joven va a bajar?, porque es la estación Insurgentes y tengo que bajar”. Sin responder descendió del metrobus, busco al dueño de aquella mirada, entre aquel hormiguero de gente era imposible localizar a alguien, “quizá tomo el metro, o se metió entre alguna de estas calles”, pensó el, abrumado por aquellos sentimientos que recorrían su cabeza.
Desde su niñez en su casa, en la iglesia y en la escuela, se le había enseñado que tener sentimientos afectuosos hacia personas de su mismo sexo, era del “demonio” y “antinatural, abrumado por esta gran contradicción, no se daba de lo que sucedía a su alrededor, y cuando reacciono estaba descendiendo las escaleras del metrobus con paso torpe, se afianzo al barandal y viendo hacia abajo noto algo particular, una cabellera ondulada, sobre una camisa azul, “!es el!”, pensó y sin dudarlo le siguió.
Era raro, pues hacerla de espía no era natural para alguien que estudiaba Letras Hispánicas, pero que da si el corazón está de por medio, la atracción de Eduardo no era carnal, sino estética, se dice que en la historia de la humanidad, hay casos en los que el amor no surge de la atracción sexual, sino de la visual, no era el deseo de juntar los cuerpos y unirlos en perfecta comunión, sino acariciar suavemente y tiernamente aquellos rizos; ver esos ojos de frente y meterse en ellos para nunca más salir; penetrar quedamente y lentamente en el recuerdo y que lo llegaran a necesitar; salir de las rutinas de los amorosos; no besar con los labios, sino con la mirada; respirarse mutuamente  en aquel rincón en que los brazos se funden en los abrazos eternos.
Eduardo estaba fascinado, belleza sin igual, alguna vez leyó la Ilíada de Homero y nunca comprendió porque, se había iniciado la guerra contra Troya por la bella Helena; ahora sin en cambio sabía que la belleza y más aun la curiosidad por conocer a la dueña, en este caso dueño, impulsaba a cualquier ser humano a cometer hazañas increíbles; aquel muchacho de cabellera ondulada, se dirigió hacia la salida a la calle de Jalapa.
Esa era la salida que Eduardo siempre usaba para dirigirse a su casa, subió las escaleras, y siguió su marcha,  cada paso lo acercaba aún más a aquel muchacho, y enseguida doblo a la izquierda en la calle de Puebla, esa misma ruta era la de Eduardo usaba diariamente para dirigirse a su residencia, extrañas coincidencias que da la vida, siguió caminando, hasta pasar por enfrente de la Covadonga, hasta que doblo a la derecha en la calle de Mérida, la adrenalina  recorría el cuerpo de Eduardo, coincidencia magnifica, y cuando pensaba cruzar la calle, noto que aquel muchacho saco unas llaves y abrió el numero veinte y siete de, “oh, por dios, vive enfrente de mí”, cuanto tiempo habrá vivido enfrente de él y ni siquiera lo noto.
Extraña coincidencia de la vida, hermosa confusión en la que se había sumergido, se hubiese quedado viendo aquella puerta todo el día, pero los relámpagos del cielo, amenazaban con más lluvia; con la emoción todavía encima, abrió su casa y cuando la puerta se cerró se recargo sobre ella, ahora comprendía que aquella vida solitaria y aislada al estilo del lobo estepario de Hesse, lo había alejado de los sentimientos comunes, una vida callada, sin expresar lo que sentía lo había alejado lo suficiente de aquellas emociones, pero no era culpa de él, así lo habían criado sus padres.
Esa noche en su cama, sin poder dormir, aquellos ojos no dejaban de mirarlo, sentía aquella mirada todavía, sentía su peso, su amor y su odio. Imaginaba como era el, su forma de pensar, su vida, en aquel lugar, fantaseaba exacerbadamente sobre aquel chico, se metió tan profundamente en su fantasía que sentís su presencia en su cama, tan fascinado estaba cuando sonó su despertador, la hora de la fantasía había acabado e iniciaba la de la escuela.
Emocionado e ilusionado ese día no presto atención a sus clases, ni participo como era costumbre en el, todos sus maestros quedaron atónitos ante tal actuación, no era el Eduardo que conocía, “quizá enfermo”, pensaron, pero su mirada aún era la que había, recibido la mirada de los ojos carmesí.
Se dirigió hacia  el metrobus como de costumbre a la una y media de la tarde en la estación Ciudad Universitaria, paso su tarjeta por los torniquetes, y camino en el andén, cuando de pronto vio esos cabellos ondulados, su corazón se detuvo un momento, pero sus pies siguieron avanzando, sin ninguna fuerza que los detuviera, se paró a lado derecho de él, y cuando volteo descubrió que era el mismo dueño de los ojos carmesí, , su corazón volvió a latir aceleradamente, pero no se atrevió a decirle palabra alguna, con su libro fingiendo que leía, observaba  aquel ser, de la misma altura que Eduardo, a simple vista parecía un sujeto normal, pero sus gestos eran extraños, y cuando llegaron a la estación Insurgentes se repitió la misma rutina del día anterior, de perseguir sin hablar.
Eduardo sin querer, ni darse cuenta callo en una rutina, de lunes a viernes se dedicaba a perseguirlo, siempre estaba en punto a la una y media en la estación Ciudad Universitaria para esperarlo, los fines de semana iba a casa de sus padres; estaba confundido no sabía a quién acudir, no tenía amigos, y en su familia que era ultra católica lo iban a desheredar y quizá hasta exorcizarlo, decidió callar y mantener aquel juego de persecuciones del corazón.
Pareciera que al fin descubría los misterios de los amores platónicos, aquellos amores imposibles, amores que solo causan locura y desesperación, tres meses habían pasado desde aquel primer encuentro de miradas, la pena o quizá su falta de relación con el mundo le impedían hablarle a aquel chico, y cada noche era lo mismo, estar sentado en su escritorio pensando sobre esto, que realidad era aquella en la que los sentimientos torturan la mente y la llevan a la locura, decidido a dormir, se puso su pijama regalo de sus abuelos abrió las cobijas de su cama, cuando una melodía le llego al oído.
Abrió su ventana, para escuchar mejor, la noche era clara, las estrellas y la luna se podían ver en toda su magnificencia, extraña noche aquella y muy rara en la ciudad, siguió buscando el origen de la melodía, cuando vio enfrente  en el numero veinte y siete una silueta en el marco de la venta con una guitarra, aquella melodía era nada más y nada menos que  una canción de Silvio Rodríguez, se llamaba “tu fantasma”, estaba siendo ejecutada con gran maestría además que el tono de voz era perfecto, se podía escuchar muy bien. Eduardo se sentó en el marco de su ventana a escuchar aquel concierto, y cuando la pieza término de ser ejecutada, se oyó el sonido de un aplauso, provenía del numero veinte y ocho, Eduardo le aplaudía con ternura y cariño, a lo que le contestaron “gracias Eduardo”, esto lo paralizo “sabe mi nombre, pero ¿cómo?
Cerró su ventana y decidió dormir, pero seguía abrumado porque supiera su nombre, pero la n supiera nada. A la mañana siguiente, momentos antes de salir rumbo a su facultad se oyó el timbre de la casa, “quien podrá ser a estas horas” nunca recibía visitas. Abrió la puerta y para su sorpresa era aquel muchacho de  los ojos carmesí, con una sonrisa le pregunto “¿Eduardo iras a la escuela hoy?”, “pero por supuesto que sí” respondió, “permíteme terminar de arreglarme, adelante pásate no te quedes afuera, hace frio”, atravesó aquel pórtico y  se sentó en las escaleras, a falta de un sillón o una silla.


 Eduardo estaba consternado, subió a su baño para terminar de afeitarse, ¿qué hacía hay?, ¿porque toco su puerta ese día? Preguntas que solo aquel muchacho podría responder, bajo enseguida y dijo
Hola- ammm amm no sé por dónde comenzar, pero pues no te conozco, ¿cómo te llamas?-dijo Eduardo-   Hola, me llamo Daniel, soy tu vecino de enfrente. –Respondió el muchacho- Lo que me da curiosidad es como supiste mi nombre sin siquiera conocerme.- replico Eduardo -Bobo, se que me sigues desde hace mucho tiempo- alego Daniel-. El secreto de Eduardo quedaba al descubierto, sabía que lo seguían sabía demasiado sin siquiera haber hablado, eran dos seres que se conocían desde siempre, pero se eran ajenos.
El camino hacia la facultad estuvo lleno de las preguntas triviales, sobre música, gustos, hasta que Daniel dijo: “sé que estudias letras hispánicas”, con cara de asombro Eduardo le respondió, “y como sabes eso”, “mis profesores me hablan bien de ti, dicen que eres muy bueno”. Eso significaba que estaban en la misma facultad y en la misma carrera, se conocían desde lejos, desde siempre, se conocían como se conoce a los sueños viejos y buenos. Su amistad iniciaba bien, pero había algo en sus miradas que los delataba, ambos no querían una amistad, ambos se estaban atrapando en sus ojos y en sus memorias.
Llegando a la facultad, cada quien se fue para su salón, Eduardo estaba feliz, recobraba el júbilo perdido, volvía a ser el de antes, después de tres meses de enajenamiento, volvía a ser el mismo, día magnifico aquel, y como todos los días llego en punto a la una y media al metrobus, momento en que llegaba Daniel, se saludaron como buenos amigos, Daniel le dijo que en la cineteca nacional iban a pasar una película de Charles Chaplin, que si no quería ir, a ambos le gustaba Chaplin así que no hubo problema para convencerse. Hermosa función, sana risa que les producía Charles Chaplin, el regreso a casa estuvo lleno de comentarios sobre la película, hablaban como si fuesen viejos amigos y vaya que lo eran, las miradas durante meses los habían ido mezclando.
Al llegar a la calle de Mérida, la despedida fue dolorosa, ellos no querían que terminara aquella velada, mas sin en cambio tenía que terminar. Al decirse adiós, en un impulso repentino Daniel, exclamo, ¿no quieres una taza de café?, Eduardo sin querer dijo si, caminaron rumbo al número veinte y siete, entraron, era una casa pequeña, pero acogedora, amueblada con cosas donadas por su familia, Daniel metió dos tazas  de café al horno de microondas mientras invitaba a Eduardo a sentarse en su sala, Daniel programo el horno y se sentó en el sillón y miro a Eduardo, Eduardo respondió la mirada, reproducían la mirada de aquel primer momento, y con un impulso Eduardo lanzo un beso que le fue respondido, la pasión se desbordo,  y los dos se unieron en perfecta comunión, no era un  amor de supermercado era un amor creado especialmente para ellos, no fue el simple acto de entregarse el uno al otro, fue la consumación  de aquel amor que se gestó en las miradas. Sin quererlo se enamoraron el uno del otro, pero esto traería consecuencias graves.

Mientras en el numero veinte y siete de la calle de Mérida, se fundían dos almas que parecía que nacieron la una para la otra, en zacatecas numero ochenta y uno, la familia de Eduardo estaba preocupada, pues siempre los viernes de cada semana se dirigía hacia esa  casa para pasar el fin de semana ahí. Mas sin en cambio ese viernes no fue así, después de marcarle a su casa y a su celular, y sin obtener respuesta, decidieron esperar al alba e ir a su casa para ver que ocurría.
Al día siguiente mientras Eduardo salía de la casa de Daniel despidiéndose con un beso, su familia llego, vio aquella escena y se espantaron, creyeron que dios había castigado a su familia, pero no fue dios, fueron ellos por haberlo criado así. De un tirón su padre separo a Eduardo de Daniel y lo metió al carro, su mama estaba llorando, su padre estaba furioso y Eduardo estaba apenado.
Daniel no podía creer aquello, se habían llevado a su amado y el solo se había quedado viendo, la depresión lo invadió de inmediato y recurrió al alcohol, mientras Eduardo estaba abrumado y desconcertado su papá estaba manejando rumbo a la salida Cuernavaca, el preguntaba ¿A dónde me llevan? Y nunca le respondieron, vio que se acercaban a un convento, su padre le ordeno bajar del carro, entraron por un corredor ancho, frio y obscuro su madre y él se sentaron en una banca de madera mientras su padre entraba por una pequeña puerta, estuvo dentro media hora, su madre con un rosario en la mano no dejaba de rezar, consternado Eduardo le preguntaba que iba a pasar, pero no obtenía respuesta alguna.
Al salir su padre solo exclamo “los pecados deben de ser castigados” y se retiró junto a su madre, un monje le dio un habito y lo llevo a un cuarto frio y húmedo, lo encerró, ¿será acaso este el fin? pensó Eduardo, será acaso que no entienden las diferentes formas de amar, o será que creen que el amor solo se da como los padres, creando lastimas eternas que unan a las parejas. Estas preguntas surgían en su mente, lo atormentaban y aterraban, pero que se podía hacer, nada era hora de dormir.
En su primer y único día el aquel convento le dijeron, que había que cuidar los cultivos, salió a las cinco de la mañana de su cuarto, tomo su ración de pan, y un poco de atole sin azúcar, hizo los rezos matinales y a las nueve lo llevaron a los cultivos, lo pusieron en cuclillas revisando que no hubiera mala hierba y si había que la quitara con las manos, trabajo penoso aquel, que dios no les podía ordenar usar herramientas de jardinería, el cura que lo vigilaba le aviso que iría al baño que no tardaba, este era el momento de escapar, sino lo hacía ahorita, era nunca, corrió rápidamente hacia el muro y lo subió con gran agilidad, salto hacia el otro lado y corrió como loco sin voltear atrás, siguió corriendo, corría desesperadamente, tenía una meta: “Daniel”.
Cuando llego a la carretera pudo detenerse tranquilamente nadie lo seguía eran como las seis de la tarde quizá, había pasado un buen tiempo desde que salió del convento, tardarían una hora en decidir buscarlo, y decidió caminar hacia el norte rumbo a su casa , estaba caminando cuando oyó un claxon, pensó que eran sus padres pero no, era un profesor, que lo reconoció, le pregunto qué hacía vestido de esa forma tan ridícula y hacia donde iba, Eduardo le comento que iba a la calle Mérida en la colonia roma, el profesor accedió llevarlo hasta haya.

Llegando a la calle de Mérida, Daniel agradeció al profesor y abrió la puerta de su casa, corrió a bañarse rápidamente, en una mochila hecho una cuanta ropa y tomo el dinero que tenía y sus cosas; salió corriendo hacia el numero veinte y siete, la puerta estaba abierta y se escuchaba una canción, era la de mi “Unicornio azul” de Silvio Rodríguez, y en un sillón Daniel estaba con un vaso de tequila en la mano, al verlo y con su mochila al hombro comprendió la situación corrió a su cuarto, bajo con una mochila al hombro y ambos salieron a la calle, se tomaron de la mano y caminaron hacia un nuevo comienzo, mientras los faroles de la calle se iban encendiendo poco a poco.

martes, 1 de noviembre de 2011

La importancia del creer


Toda persona necesita creer en algo, es algo innegable de nuestra naturaleza el creer; así como se necesita el aire para respirar, un piso en donde justificar nuestras acciones o nuestra vida inclusive esta sujetado a una serie de creencias que queramos o no, están inmiscuidas.
El presente no es un intento de demostrar el sistema de creencias de toda persona, sino trata de justificar por qué debemos de tener uno.
Las creencias primeras que tiene una persona son sensoriales, la experimentación es la característica primordial de estas. Las primeras creencias son simples especulaciones sobre el mundo que nos rodea, como no sabemos de él, especulamos acerca de todo. Pero estas creencias no importan mucho, ya que en su mayoría son acepciones fantasiosas; las creencias que importan son las que se adquieren conforme a la experiencia, porque de ellas podemos crear un sistema de especulaciones más confiable, porque al partir de creencias verdaderas que justificamos mediante la experiencia, podemos acercarnos a la verdad o tener las verdades que sean justificables para nosotros.
Y estas verdades son las que sostienen en si todo lo que creemos es este mundo, porque a pesar de quizá la concepción del mundo es un ente social y no personal, cada quien lo ve como lo quiere ver, por lo tanto es indispensable e indiscutible las acepciones propias, ya que sin ellas las diferentes opiniones filosóficas serian nulas y seria homogéneo el conocimiento.
¿Pero qué pasa si perdemos las creencias?, cuando perdemos nuestras creencias fundamentales (las que sostienen nuestro piso de donde construimos los conocimientos acerca de este mundo) se nos quita lo que somos, se pierde la existencia en sí, porque de las creencias nos formamos y de ellas tenemos todo lo que somos. Porque creer implica reconocerse en eso, no se puede aceptar algo si no se tiene una asimilación, así como el cristiano no se puede decir cristiano sin creer en cristo.
Cuando se pierden las creencias, se pierde la identidad; pero antes de pasarse a otra cosa se debe de entender que las creencias son nuestras necesidades pensadas, porque si no fueran necesidades no tendría chiste pensarla y suponer que son ciertas y alcanzables.  Y al ser necesidades, están sometidas a la voluntad que las requiere o no.
Cuando se pierden o se ponen en jaque las creencias, se tiene que hacer un acto de reflexión, que no es más que la abstracción de la mente, para dejar de pensar en el mundo terreno e idear la forma de transportar las necesidades al plano mental en donde adquieren estas características. Una persona que haga este acto de reflexión tendrá la satisfacción de haber reflexionado sus necesidades.
Transportar las necesidades al plano mental requiere que se liberen las pasiones, pues también satisfacerlas forma parte de las creencias, sino están dirigidos todos los sentimientos, las necesidades y  las pasiones en una dirección, se encontraría una contradicción de la cual la persona entraría en depresión al ver negadas sus pasiones por sus sentimientos.
Así si una persona es muy pasional, sus sentimientos estarán guiados en la misma dirección, y al encontrar el equilibrio entre estos factores, se alcanza la armonía plena de las acciones personales. Por eso el dialogo interno de la búsqueda de nuevas creencias debe de ser de cuestionamientos totales para poder así llegar a un acuerdo entre las diferentes características, de lo contrario se presumiría que una persona que no haga esto, estaría reprimiendo alguna de sus partes lo que es totalmente peligroso pues no se sabe cómo se pueda desfogar aquella represión interna.
Y así al tener un sistema de creencias que guie las vidas de cada quien, se puede actuar libremente dándole espacio a los sentimientos, la pasión, las necesidades y la razón, sin tener prejuicios morales al respecto.

miércoles, 6 de julio de 2011

tercer stultus: Fortis fatuus o de nuestras acciones valientes



Cuando una persona realiza una acción arriesgando su propia vida, la sociedad lo ve como un héroe si es que esa acción resulto benéfica para otras personas; si resulto un fracaso la gente lo vera como un acto sin sentido que resulto perjudicial para la misma persona.

Pero aunque haya resultado benéfico también resulto un acto stultus, pues a pesar de que la solidaridad se está fomentando en los actos valerosos”, no es nuestro corazón o nuestra conciencia lo que nos obliga a realizar este tipo de acciones, ese impulso que lo provoca es producto del proceso evolutivo, pues el hombre en sus primeros momentos en esta tierra necesitaba sobrevivir,  y para hacerlo dependía de sus demás compañeros.

Ese viejo instinto de supervivencia aún sigue dentro de nosotros y si estamos en un procesos evolutivo constante y hemos superado esas etapas prehistóricas, ¿porque seguir confiando en los impulsos instintivos? La respuesta es muy fácil, porque siempre trataremos de ser solidarios con los demás aun cuando no los conozcamos, pues tenemos el miedo de vernos en la misma situación y no recibir ayuda.

sábado, 21 de mayo de 2011

Stultus Segunda o de la naturaleza de nuestras acciones


El primer paso para saber sobre la stultus, es identificar cuáles son sus características; pero la stultus no es algo único y universal como piensa la sociedad, se pueden encontrar diferentes tipos. Aquí hablaremos de la “stultus naturalis”.

La sociedad actual piensa que la stultus la poseen aquellos que no se han acercado a los pensadores que han tratado de “mejorar” a la humanidad, pero esta regla no se cumple tal y cual como lo especifica la sociedad, pongamos un ejemplo, usemos a Kant: “Kant es una persona que pocas veces salía de su casa, su conocimiento del mundo era muy poco o inexistente, supongamos que sale a pasear al bosque, se pierde pero no lleva nada de alimentos. Encuentra unos hongos, para el no son venenosos, pero para un naturalista si lo son, se los come, y para un doctor eso sería un acto stultus”.

Pero en el ejemplo anterior, era stultus naturalis, Kant no sabía que eran hongos venenosos mas sin en cambio se los comió, en este caso actuó su ignorancia (sobre los hongos y el bosque) y su necesidad (el hambre lo incito a comerse los hongos). Estos son los principales elementos que actúan en la stultus naturalis, puesto que la gente llega a pensar que casos similares son producto de una stultus adquirida desde el momento de nacer. En la mayoría de los casos es una stultus provocada por los dos grandes factores que juegan un importante papel en esta teoría; la ignorancia no es adquirida, todos nacemos con ella, ignoramos el mundo que nos rodea, y sin embargo pasamos la mayor parte del tiempo tratando de entender que pasa aquí. En la mayoría de los casos el tratar de entender el mundo resulta difícil, pues ninguna ciencia conoce verdaderamente el universo y nunca lo conocerá pues el macro universo y el micro universo no tienen límites fijos, aquí se puede afirmar que las ciencias actuales se mueven sobre un gran mar de ignorancia y ni siquiera los más doctos en sus materias saben realmente que es el suelo que pisan.

La necesidad es otro gran factor dentro de los diferentes tipos de stultus, pues ha hecho que se descubran por “accidente” muchas cosas, y se puede ver desde los primeros hombres que por azares del destino descubrieron que la vaca producía leche, o que el fuego servía para preparar alimentos, y más recientemente el descubrimiento de la penicilina por un “error” de laboratorio.

Estos no son errores sino, simples demostraciones de que la necesidad lleva a acciones desesperadas, prácticas e ingeniosas. Quizá la stultus naturalis sea la más benéfica de las stultus para la humanidad, pues la ignorancia que conduce a ella, lleva al hombre o animales a saber porque pasa lo que pasa, esa necesidad de quitarse la ignorancia ha sido uno de los grandes motores de la historia.

viernes, 8 de abril de 2011

STUDY ON STULTITIA

Una parte lo que sera el primer planteamiento teorico personal del estudio humano

A lo largo de las etapas históricas la humanidad se ha enfrascado en diferentes etapas de desarrollo tanto personal, comunal y universal. Pero ningún desarrollo llega a su meta pues hay un elemento invisible, intangible que recorre las mentes de los humanos; las manipula y las lleva por sendas que han sido transitadas por todos pero negadas su tránsito por la gran mayoría, solo unos pocos reconocen haber tenido que cruzar estas penosas sendas.


En los caminos negados de la humanidad que al menos una vez en la vida cualquiera ha transitado; se encuentran muchas bifurcaciones que conducen a acciones que pueden ser para un desarrollo universal (que en el mejor de los casos llegara hasta los más bajos estratos de la sociedad purificando al humano mediante el trabajo voluntario como la expresión genuina de la fraternidad entre todos los pueblos de la tierra). Las acciones que solo conducen al desarrollo personal de los caudillos y ciertos grupos selectos, lleva a las famosas y odiadas dictaduras; entendiendo por dictaduras los gobiernos impuestos a base de sangre y fuego; o en el mejor de los casos y muy escasamente se llega a poner el yugo de la dictadura por la vía electoral; la dictadura del proletariado propuesta por Karl Marx, conduce a lo que me propongo analizar: “El Pendejismo” o Estupidez humana.

Bueno y porque la estupidez, pues ella ha hecho que se tomen decisiones decisivas en el curso de la humanidad o que se avance hacia una nueva era; dependiendo que grado de estupidez y en qué circunstancias fue fecunda la estupidez. Se podrá clasificar en las distintas variaciones del pendejismo aunque en la mayoría de los casos la estupidez es lo que llamaremos “Pendejismo Racional”, pues las personas que se inclinan por este tipo saben lo que les deparan sus acciones pero aun así las llevan a cabo pues les causa un gran goce que es un goce indescriptible pero pendejo, que para facilitar las cosas titularemos “stultus frui”; a lo único que lleva el stultus frui es al arrepentimiento de las mentes que debido a la moral(otro gran producto de la estupidez humana, pues limita nuestras acciones que tienen un gran margen de acción) en turno en su localidad, patria o familia; imponen leyes que rigen la vida en todos los ámbitos provocando que a la menor falta de las mismas; en la mente se produzca una serie de reacciones que impiden un juicio acertado sobre la forma más viable de encontrar una solución que no afecte a nadie, y ni al individuo mismo. Pero la moral, producto de la gran estupidez humana, es un gran obstáculo para quitarse el yugo moral bajo el cual esta sometido el ser humano.



lunes, 24 de enero de 2011

La vida 2.da parte

BUENO COMO DIJE ANTES ESTE ES UN PEQUEÑO INTENTO DE UN MORTAL DE ENTENDER LA VIDA, LAS CRITICAS SON RECIBIDAS, EL COMPLEMENTO DE ESTA PARTE DE LA FILOSOFIA SALDRA EN 2 DIAS.

Las creencias son parte fundamental de la vida diaria, pues en ella basamos la mayor parte de nuestras afirmaciones y de las nociones sobre la realidad en la que vivimos , puesto que nuestras certezas sobre esta realidad están basadas en las creencias y como no las podemos comprobar, es imposible tener certezas, pues nunca damos bases sólidas para sustentar nuestras ideas. Al no sustentar nuestras ideas damos pie a las críticas ya sean lapidarias o constructivas.


Las personas por comodidad o conveniencia nunca van a sustentar sus ideas pues les resultaría muy difícil buscar las bases para que estas sean sólidas, sus ideas las sustentan mediante el autoritarismo, como los padres imponen sus ideas a sus hijos o los maestros a sus alumnos.

Las pocas personas que están en contra de esta posición y sacan a denostar sus ideas siempre son excluidos de la sociedad por las reglas de la moral en turno que impide a los nuevos talentos un desarrollo integral, el mundo es cruel con ellos.

Los excluidos o exiliados de la cultura terminan en los rincones de la soledad amargados, algunos luchan toda su vida contra el mundo al que solo le interesa vender, vender, vender. En un mundo en donde el capitalismo reina es imposible que las ideas de Marx y Nietzsche sobre que el hombre es el motor de la sociedad y de la historia, en medio de la globalización las personas críticas no pueden hablar en contra del sistema o de las organizaciones que oprimen al hombre en su búsqueda de las ideas, el hombre por naturaleza siempre está buscando, reinventado, su imaginación y curiosidad no tienen límites y esto ha permitido que llegue a realizar hazañas sorprendentes que favorezcan a la humanidad así como horribles crímenes contra la humanidad.

Pero no podemos negar que sin duda las creencias y la razón tienen una relación estrecha como padre e hijo, pues las creencias surgen a partir de que el poco razonamiento del hombre en el primer momento de su existencia le impedía conocer los grandes misterios que le tenía preparado este planeta, por lo que recurrió a las creencias a modo de explicar el mundo y sus misterios.

Como en toda buena historia, hubo unos cuantos que no estuvieron de acuerdo en que las creencias explicaran los misterios del hombre y buscaron razones más allá de la mitología, y estos son los principios de las búsquedas: “la duda y la oposición (a lo impuesto)”.

El hijo rebelde de las creencias: “la razón”, fue peleando con su padre en una guerra que aun en nuestros días de mayor avance social, científico y cultural, aun seguimos teniendo discriminación en contra de las nuevas ideas que no están satisfechas con los dogmas impuestos (ya sean científicos, morales, religiosos, literarios, etc…), un ejemplo muy claro sobre esto que estoy expresando es la teoría de la relatividad de Albert Einstein, que demostró que las ideas de Newton estaban erradas sobre el conocimiento del cosmos.

Pero que podemos hacer con las creencias?... nada, pues somos seres que creemos en todo momento, siempre andamos buscando seres o ídolos que ilustren nuestras necesidades o defectos, y esos seres los llenan, pero las creencias religiosas en la vida son importantes pues ellas cumplen un papel regulador en el área de la moral, pero en el área científica solo podemos creer en los grandes pensadores, pues ellos aunque a veces errados siempre buscaron darle explicaciones al mundo muy diferentes a las oficiales, aunque su lucha en el mayor de los casos acabo mal.

"Respeto a la iglesia mas no le temo"
Jose Vasconcelos