martes, 1 de noviembre de 2011

La importancia del creer


Toda persona necesita creer en algo, es algo innegable de nuestra naturaleza el creer; así como se necesita el aire para respirar, un piso en donde justificar nuestras acciones o nuestra vida inclusive esta sujetado a una serie de creencias que queramos o no, están inmiscuidas.
El presente no es un intento de demostrar el sistema de creencias de toda persona, sino trata de justificar por qué debemos de tener uno.
Las creencias primeras que tiene una persona son sensoriales, la experimentación es la característica primordial de estas. Las primeras creencias son simples especulaciones sobre el mundo que nos rodea, como no sabemos de él, especulamos acerca de todo. Pero estas creencias no importan mucho, ya que en su mayoría son acepciones fantasiosas; las creencias que importan son las que se adquieren conforme a la experiencia, porque de ellas podemos crear un sistema de especulaciones más confiable, porque al partir de creencias verdaderas que justificamos mediante la experiencia, podemos acercarnos a la verdad o tener las verdades que sean justificables para nosotros.
Y estas verdades son las que sostienen en si todo lo que creemos es este mundo, porque a pesar de quizá la concepción del mundo es un ente social y no personal, cada quien lo ve como lo quiere ver, por lo tanto es indispensable e indiscutible las acepciones propias, ya que sin ellas las diferentes opiniones filosóficas serian nulas y seria homogéneo el conocimiento.
¿Pero qué pasa si perdemos las creencias?, cuando perdemos nuestras creencias fundamentales (las que sostienen nuestro piso de donde construimos los conocimientos acerca de este mundo) se nos quita lo que somos, se pierde la existencia en sí, porque de las creencias nos formamos y de ellas tenemos todo lo que somos. Porque creer implica reconocerse en eso, no se puede aceptar algo si no se tiene una asimilación, así como el cristiano no se puede decir cristiano sin creer en cristo.
Cuando se pierden las creencias, se pierde la identidad; pero antes de pasarse a otra cosa se debe de entender que las creencias son nuestras necesidades pensadas, porque si no fueran necesidades no tendría chiste pensarla y suponer que son ciertas y alcanzables.  Y al ser necesidades, están sometidas a la voluntad que las requiere o no.
Cuando se pierden o se ponen en jaque las creencias, se tiene que hacer un acto de reflexión, que no es más que la abstracción de la mente, para dejar de pensar en el mundo terreno e idear la forma de transportar las necesidades al plano mental en donde adquieren estas características. Una persona que haga este acto de reflexión tendrá la satisfacción de haber reflexionado sus necesidades.
Transportar las necesidades al plano mental requiere que se liberen las pasiones, pues también satisfacerlas forma parte de las creencias, sino están dirigidos todos los sentimientos, las necesidades y  las pasiones en una dirección, se encontraría una contradicción de la cual la persona entraría en depresión al ver negadas sus pasiones por sus sentimientos.
Así si una persona es muy pasional, sus sentimientos estarán guiados en la misma dirección, y al encontrar el equilibrio entre estos factores, se alcanza la armonía plena de las acciones personales. Por eso el dialogo interno de la búsqueda de nuevas creencias debe de ser de cuestionamientos totales para poder así llegar a un acuerdo entre las diferentes características, de lo contrario se presumiría que una persona que no haga esto, estaría reprimiendo alguna de sus partes lo que es totalmente peligroso pues no se sabe cómo se pueda desfogar aquella represión interna.
Y así al tener un sistema de creencias que guie las vidas de cada quien, se puede actuar libremente dándole espacio a los sentimientos, la pasión, las necesidades y la razón, sin tener prejuicios morales al respecto.

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