Salgo corriendo a la calle, una
premisa ronda mi cabeza; no sé cómo expresarla, pero me hace estragos la
conciencia. Saber que “yo”, no es una construcción impenetrable, que esa
fortaleza y refugio mío puede contener un extraño; no sé quién sea el extraño,
si yo el que interrogo, o aquella idea que tengo del “yo”. Aunque suene paranoico, el “yo” se hace
extraño todos los días, desde un pequeño enojo, hasta un accidente, esas
experiencias alejan a uno del “yo”. Porqué nos movemos en el ámbito de la
temporalidad, no seré diferente al que se enoje en un rato, ni soy igual al que
era en mi antepasada relación amorosa, ni soy el mismo de ayer. El “yo” se va
desfragmentando en pequeñas experiencias que van aumentando el entretejido de
la conciencia.
Mis abuelos me dicen que deje de
pensar en cosas inútiles, que el “yo” me fue dado por la gracia de Dios, que no
dude de su magnificencia; aunque siendo sinceros, ese “yo” que ellos promueven,
está plagado de prohibiciones, castigos y recompensas. No quiero un YO que solo
se encargue de vigilar y castigar como decía Foucault.
Busco entre los recuerdos de mi
ex, una foto suya con traje, encuentro un YO, que ahora me es ajeno, un YO que
creo una estructura en el amor para hacerle frente a la realidad. Fuimos, es
mejor decirlo, porque ya no somos, el amor genero discordia, y el YO se
desfragmento en la muerte, pero con la muerte volvió la vida, creo que es lo único
que te agradezco.
Mis amigos a su estilo único, me
dicen: “déjate de mamadas”, pero esta “mamada” (como ellos le llaman) es cosa
de mi existencia, es cosa única pero de
ellos también, porque mi YO ha sido desfragmentado en las experiencias que he tenido
junto a ellos. Sonara irrisorio, pero ellos tienen un cacho de mi YO, y yo
poseo un pedazo de su YO. Somos intrusos que constantemente estamos en el otro.
¿Dónde está mi
YO? ¿Algún día lo encontrare? Quizá, las posibilidades de tener una unidad
impenetrable, donde la conciencia, los sentimientos y mis pasiones se conjuguen
en armonía, es muy remota. Y aunque quizá el único momento donde la experiencia
cese y deje de desfragmentarme sea la muerte; quizá pueda encontrar mi YO.
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