Cuando los antiguos griegos iban al teatro, no solamente se
sentaban a observar la dichosa obra que les era representada, iban a presenciar
un acto que ellos mismos pudieran padecer, ya sea para bien o para mal, ha
dicho acto de ir al teatro le llamaban catarsis, que quiere decir purificación
emocional, corporal, mental y espiritual. Entonces ir a una obra de teatro era
ver la recompensa o el castigo que recibía el personaje y sentirse aliviado
porque dicho castigo no le pertenecía a uno. Aunque no por eso se estaba seguro
de no recibirlo si no se controlaban las pasiones que podían orillar a uno a
cometer actos contrarios a la opinión pública.
Aunque en nuestro tiempo pasa algo curioso, ya no es el
teatro donde lavamos las culpas que pudiera sentir nuestro espíritu, sino es el
futbol, si, ese deporte en donde 22 jugadores se pasean de un lado a otro con
un balón, siendo su única intención meter dicho esférico en la portería contraria.
No diré aquí porque es malo o bueno, que de eso ya se ha escrito mucho y
falsamente, sino diré la función que le hemos dado a este deporte, ya que así
como los griegos iban al teatro, nosotros prendemos las televisiones cuando
juega el equipo nacional y paralizamos toda actividad con tal de ver esos 90
minutos en donde pueden surgir tantas emociones como arenas en el mar.
Pero no solo es el hecho de prender la televisión cuando
juega nuestro glorioso equipo nacional, sino que su director técnico el llamado
piojo herrera, ha hecho que toda una nación se paralice de verdad, ya que ha
hecho de lo que se creía una selección mediocre sin espíritu de cuerpo un
equipo formidable, que si bien no llego a cuartos de final, si ejerció un buen
desempeño. Ese señor cuyo mayor logro según los medios son sus formas de
celebrar, logro que durante 4 partidos el mexicano se olvidara de la situación
de su país, entre los gritos de viva México, eeeeee puto, culero y el canto de cielito lindo, se fueron
diluyendo gota a gota el malestar en la economía, el desempleo, los bajos
salarios, la delincuencia, la inseguridad. Porque no es que solamente por
apoyar a la selección purifiquemos el espíritu, entre los gritos contra el árbitro,
el equipo contrario, y contra nuestros propios jugadores que no entienden las
intrincadas jugadas mentales que hacemos, sacábamos las frustraciones almacenadas
de 4 años.
Considero importante que el piojo se convierta en un mártir que con su derrota ante Holanda, tendrá la culpa de todos los males patrios, y no
porqué él sea el culpable, sino que simplemente al no poder llevar nuestros
sueños mas allá del quinto cuarto partido, y cortar la magia y la esperanza, se
verá relegado al lugar de los prometeos aztecas que se les juzga por males que
nunca cometieron a la nación.
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