lunes, 22 de marzo de 2010

El Joven y el Viejo

EL JOVEN Y EL VIEJO


El viejo y el joven se encontraron una tarde caminando en diferentes direcciones. El sol mostraba la mitad de su ascua por encima de los edificios de esta gran ciudad; se hundía el astro rey, se hundía irremisiblemente, como si la noche lo hubiera derrotado y estuviera en franca huida, arrojando a la tierra sus más hermosas luces.
Los dos hombres se miraron frente a frente: el viejo, pálido, desmelenado, el rostro quemado por los rayos del astro rey, cuarteado por el paso de los años y sus huesos se asomaban por debajo de su traje. El joven, erguido, lleno de vida, su cara radiante por la esperanza, su traje también roído pero llevado como si fuera la bandera de la democracia.
¿Adonde vas?, pregunto el viejo.
Voy a Chiapas para luchar por mis ideales junto a mis hermanos zapatistas; y tú, ¿adónde vas? , pregunto a su vez.
El viejo encolerizado, escupió al suelo y mirando al joven como si el tuviera la culpa de sus desgracias, dijo: Yo no voy; yo ya me canse de luchar yo no apoyo las armas prefiero la vía electoral y ya me vez como estoy: triste maltrecho de cuerpo y espíritu.
El joven miro al viejo y le dijo: ¿Supiste por quien votaste?
Si: un torpe había ganado en el 2000; los pobres votamos por el, por que nos prometió una mejor vida, pero nuestra situación siguió igual; seguíamos pidiendo limosna y con la mísera limosna que nos daba su gobierno, a duras penas logramos sobrevivir. Un día un buen señor nos dijo a los pobres: “Conciudadanos, para acabar con la situación de México no hay otra mas que votar por mi para que ustedes tengan una mejor vida; les prometo bajar los impuestos y crear miles de empleos para todos los mexicanos; Déjenme como presidente y les cumplo lo anterior”; Así hablo el buen señor. Después de su mal triunfo en las elecciones seguimos viviendo exactamente como antes nuestras familias tuvieron que recurrir inclusive al robo para sobrevivir. Queríamos elegir un líder sindical que fuera bueno, y ya vez eliminaron luz y fuerza y nos han dejado en la calle. No vayas a la guerra, no vayas. Mejor espera a que se postule un buen candidato.
El joven sonrió, y repuso:
Voy a la guerra, pero no para poner más tiranos como lo hacen las elecciones. Voy a la guerra, no para elevar a ningún hombre al poder, sino a conquistar la verdadera democracia. Con el auxilio del fusil, obligare al espurio y su banda a que quiten el yugo opresor y suelten lo que por 4 años le han quitado a los pobres. Tu encomendaste a un hombre que cambiara al país; yo y los zapatistas vamos a cambiar el país por nuestra propia cuenta. Estoy dispuesto a dar mi vida en beneficio de todos.
Detrás de los edificios se observaban los últimos rayos del sol.
El viejo bostezo y dijo:
Como el sol yo también voy a mi ocaso y desapareció entre el tumulto de la ciudad.
El joven continúo su marcha para ir con sus hermanos zapatistas que luchan por “Tierra, Libertad y Pan”.

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