El sentido de inferioridad de todos los pueblos no se debe a razones psicológicas sino a razones históricas, si bien los aspectos psicológicos de un pueblo juegan un rol importante, en el caso de nuestras sufridas tierras americanas los caracteres históricos son los que han conformado a lo psicológico y no al revés.
La tradición occidental hace que en nuestros pueblos los orígenes se cambien en pos de un cultura universal fomentada por el capitalismo neoliberal; una sola cultura implica la perdida de tradiciones en pos de unas nuevas que sean del agrado de todos dejando a un lado las que son herencia de los antepasados tanto indígenas como españoles.
Pero no por esto debemos de desalentarnos pues en nuestra historia tanto como señoríos indígenas así como de la historia de la colonia y la de la América independiente, los sacrificios se han hecho para que las futuras generaciones vivan en armonía desarrollándose plenamente, pero los procesos históricos imposibles de pronosticar hacen a veces imposible esta tarea.
“y Quetzal-cóatl se hizo hombre…”
En los señoríos precolombinos había una fuerte rivalidad entre ellos ya que el poder siempre corrompe hasta al más honrado, en los diferentes reinos las divinidades eran patronos de los mismos así que la lucha entendida desde el punto de vista precolombino como la lucha de las deidades por el control de la tierra de los hombres.
En esta situación se desarrollaba el valle de Anáhuac cuando llego un pueblo procedente del norte, que en tan solo dos siglos levantaron un imperio que llegaba desde la parte meridional del actual México hasta las tierras hermanas de Guatemala, este pueblo era los mexicas.
Cuando llegaron sufrieron humillaciones y discriminaciones de los demás pueblos tepanecas en especial del señorío de Azcapotzalco, y en vez de rendirse a su suerte como siervos de los demás reinos, retomaron la cosmovisión tolteca de las divinidades, recogiendo al dios Quetzal-cóatl que en las traducciones más aceptadas quiere decir “serpiente emplumada”.
Pero eso no quiere decir quetzal-cóatl, pues debemos de entender la situación del pueblo azteca ya que ellos veían a la mal llamada serpiente emplumada como la auto superación; porque si tomamos otro significado la palabra quiere decir ave que cambia o evoluciona.
El quetzal es de las aves más hermosas con las que cuenta las tierras de Anáhuac, y al ser los mexicas los dignos herederos de Tonatiuh (según su misma cosmogonía) veían en el águila la digna representación de la lucha diaria del sol contra las tinieblas, pero el quetzal era la representación de la nobleza alada porque simplemente su belleza no tenía igual.
Cóatl es la serpiente y al ver una serpiente en la cosmogonía precolombina es el periodo cíclico o la evolución pues puede crecer en espiral tal y como afirmaba vico; y así al juntar el quetzal con la serpiente queda Quetzal-cóatl, que entendido de la manera que aquí se plantea quiere decir: “hombre cambiante”.
Los pueblos originarios adoradores de Quetzal-cóatl ya tenían la visión del cambio que forma la identidad del individuo pero permaneciendo en la esencia. En vez del humano europeo que quiere decir relativo al humus o lodo, o sea que la cosmovisión europea se basa en la visión cosmogónica cristiana de que el hombre fue hecho a imagen y semejanza a base de lodo por gracia de dios.
No todo descubrimiento es bueno…
La visión de los vencidos siempre es la que se olvida. El encuentro de los dos mundos fue un desastre que inicio el largo sueño embrutecedor al que se sometió a los pobladores de nuestras tierras americanas. Pero debemos de entender que no nos trajeron la civilización y la cultura los conquistadores españoles sino como dice el profesor José Luis Rojas en Historia de Iberoamérica. Prehistoria e historia antigua: “La lección para nosotros es que, con una tecnología distinta y, a nuestro parecer, insuficiente, con diferentes recursos animales, vegetales y minerales, con un sistema de valores y creencias ajeno al nuestro, los mexica erigieron un gran imperio basado en un sofisticado control económico de las provincias, poblaron una gran ciudad que en su tiempo llegó a ser una de las más grandes y, con seguridad, la más limpia, y fueron capaces de disfrutar de la vida, las artes y el juego. Cortés no sometió a unos bárbaros, y debemos cuestionarnos qué civilización estaba más avanzada. Lo que está claro es que, tras las marcadas diferencias que separan a los mexica de Occidente, se encuentran muchos elementos comunes con las sociedades humanas de otros tiempos y espacios, incluido el momento actual…”
Las primeras crónicas de los conquistadores narran un lugar amable, hospitalario y bondadoso, pero cuando se mató al primer español en seguida se convirtieron los pueblos originarios en brutos, salvajes, caníbales y barbaros.
Si bien se destruyó una cultura, no se destruyó por completo una tradición ya que los valores de la dignidad, el coraje, la valentía y el sentimiento de defender las tierras de la nación quedo heredado en las generaciones descendientes de aquel choque intercultural no como patente y notorio sino como algo en hibernación pero latente, eso sería la gran semilla de las luchas de independencia americanas, aunque los historiadores no lo tomen en cuenta.
El despertar
El inicio de las luchas americanas no fue la lucha por la independencia, sino la continuidad y el salvaguardado de las instituciones monárquicas desplazadas por Napoleón Bonaparte durante la invasión a España y la imposición de su hermano José Bonaparte. El despertar de aquel primer largo sueño embrutecedor no se dio con los primeros mal llamados libertadores, sino con la posterior generación a ellos, con hombres como José María Morelos y Pavón (que humildemente, en vez de aceptar el título de Padre de la patria, tomo simplemente el de “Siervo de la Nación”) con José de San Martí, con José María Sucre y Simón Bolívar.
La segunda generación de libertadores americanos tenían un sueño característico pero compartido que de haberse logrado hubiera cambiado el curso de la historia para siempre, pues su sueño era ver a la gran América virreinal como la gran América de los hombres libres en “donde solo se diferenciara el vicio de la virtud a un americano de otro”.
Para la mala fortuna de los futuros hijos de Ibero-América este sueño nunca se llegó a cumplir y la gran confederación americana nunca se creó. Al estar libres del decadente imperialismo español, los estados americanos pasaron a formar parte de los países satelitales de las metrópolis anglosajonas, quedando bajo ese yugo hasta el presente. Si bien hay personas que en el siglo XIX simpatizaron y fueron seducidos por los imperialismos, también hubo otras que con su sangre lavaron la deshonra que impusieron algunos a sus hermanos americanos al ponerse algún yugo imperial.
El largo sueño
Las condiciones después de la liberación de los estados americanos, eran precarias, el endeudamiento que se generó debido a la falta de rentas federales o nacionales, creando un ambiente de inseguridad nacional, debido a que las deudas americanas eran con los imperios de aquella época (el francés y el británico); las invasiones hacia las tierras americanas en el siglo XIX fueron bastantes, quizá la más recordada sea la invasión francesa de 1862, pero las características que unen a todas las invasiones americanas son los intereses imperiales de trasfondo que las propiciaron; como España se enriqueció de la noche a la mañana debido a las riquezas minerales que extraía de las tierras americanas pensaron que sería lo mismo cuando ellos dominaran, pero la herencia precolombina del coraje, el honor, la dignidad y el amor por la tierra que los vio nacer, hicieron que los pueblos americanos permanecieran libres.
Por lo que la táctica de colonización cambio de forma muy drástica por dos motivos:
Primero: los Estados Unidos habían publicado la doctrina Monroe, argumentando que “América para los Americanos”; pero estos americanos no eran los gauchos argentinos o los mijes oaxaqueños, eran solamente los americanos del norte del rio bravo.
Segundo: las potencias imperiales vieron que resultaba muy caro dirigir una invasión a las tierras americanas, debido a la distancia entre Europa y América, además de que se necesitaba una base de dónde dirigir las operaciones y las pequeñas islas del caribe que aún seguían en posesión de Inglaterra, Francia y Holanda no era lo ideal.
Por lo tanto, la colonización empezó a ser económica, así en vez de mandar un regimiento de infantería, embargan las producciones latinas y les vendían productos europeos; de la misma forma debido a que las estados americanos estaban devastados por las guerras (que los europeos habían propiciado) y no contaban con recursos para las reparaciones de guerra, las naciones se vieron en la necesidad de endeudarse para poder recuperarse pero obviamente los que daban el dinero se encontraban en alguna capital europea.
De esta forma las decisiones de los estado nación americanos se vieron oprimidas por los intereses extranjeros. Y esta es la principal causa del “sub-desarrollo” de las sufridas tierras americanas, debido a los intereses imperiales, de las potencias europeas o anglosajonas.
La deuda es una manera de hacer que un pueblo se avasalle a otro, por lo que hasta que América Latina termine sus deudas con las naciones “desarrolladas” podrá liberarse plenamente de sus decisiones, y ejercer su autonomía e independencia por la que ya han muerto los hijos de estas tierras, más de una vez inútilmente.
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