Hay una dialéctica oculta entre
la sociedad que hace de chivo expiatorio en las distintas relaciones humanas
(desde la economía, la política, las relaciones interpersonales, etc…) la
dialéctica del acusado y el inquisidor,
resulta patente esta dialéctica en la vida cotidiana de cada individuo y
sociedad con los llamados chivos expiatorios, que lejos de jugar papeles de
víctimas son los verdaderos redentores de una decadencia que tiene que
revertirse, de ahí que surja una dialéctica entre aquellos que se sienten
ultrajados y buscan la manera de redimirse a través de una víctima,
convirtiéndose sin querer en inquisidores.
Desde la antigua fiesta de las
targelias donde se quemaba una escultura en la que recaían todas las culpas de
la sociedad, o las quemas de brujas en la edad media a las cuales se les
achacaban los males como la peste, e inclusive los modernos casos de incriminación de inocentes bajo diferentes
causas, desde la sustentación de atentados terroristas o simples motivos
políticos, todos estos casos tienen algo en común; que sirven para desahogar
las pasiones y frustraciones en las que se encuentran sumergidos los pueblos,
siendo autor de estos frenesís de histeria y enojo común Dionisio. Por lo cual
esta fuerza que mueve a la parte inquisitoria es el impulso dionisíaco.
Dionisio sin duda es el autor
dado que su naturaleza es la de dar impulsos pasionales y generar frenesís y,
los hombres como seres en su mayoría pasionales se mueven fácilmente bajo estos
influjos; y al no tener un poco de mesura, los actos que realicen se harán bajo
el halo de las pasiones y no de las razones, cosa muy errada ya que desde la
antigüedad es bien sabido que seguir los influjos pasionales solo traen
tristeza y desesperanza para aquellos que se guían en esta estela dionisiaca de
los placeres carnales y sus pasiones más bajas alejadas de la razón.
Así el inquisidor al no saber
porque sus actos le causan daño, busca un chivo expiatorio en el cual redimir
sus pecados o sus culpas, ejemplos son sobrados en la historia, los
revolucionarios franceses le echaron la culpa de todos sus males y los de
Francia a todo aquel que hablara mal de la revolución y a toda la nobleza
francesa, matando inclusive a sus propios líderes, pareciera ser que se movían
más por pasiones enceguecidas por el espectro de la revolución que por las
razones que generaron su lucha; Nerón tras el incendio de Roma (que presumen
algunos historiadores fue provocado por el mismo) para evitar que el pueblo se
revelara por los excesivos impuestos y los bacanales que organizaba el
emperador, acuso a los judíos y a los cristianos de los males del imperio y los
empezó a perseguir; en la edad media en su deseo afanoso de cumplir con las leyes de dios los sacerdotes
persiguieron a muchos inocentes que tacharon de herejes y hechiceros,
desvirtuando el mensaje de amor de la iglesia en pos de seguir una vocación
deformada por lo que sus pasiones les indicaban; pero, no hay que ir tan lejos,
además de los múltiples ejemplos de la historia en las relaciones
interpersonales se ven esta dialéctica presente, desde aquellos amigos que se
enojan sin causas aparentes, o aquellos novios que tienen celos de otras
personas, todos tienen una característica singular que esta tras ellos, que es
la ira.
Sin duda la ira está detrás de
todo inquisidor, no se busca un castigo o un culpable sin que se tenga un
sentimiento de enojo o enfado hacia esa persona un rencor oculto que alimente
la savia de la venganza, el inquisidor en la mayoría de los casos va a
arrepentirse cuando llegue a advertir las posibles consecuencias de lo que sus
actos provoquen, en cambio hay otro tipo de inquisidores que advierten las
consecuencias, y sin embargo no se arrepientes de sus actos y llevan a cabo su
venganza, estos son los más peligrosos de los que se pueda hablar.
Aunque el ser humano es más raro
todavía, porque llega a buscar como chivo expiatorio a las pasiones mismas que
generaron su ruina, extraño ser resultamos ser, cuando no nos damos cuenta que
el germen de la destrucción lo tenemos por antonomasia cuando se es patente los
impulsos dionisiacos.
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